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PARTÍU CARLISTA: pola defensa de la nuesa tierra

Tradicionalismos revolucionarios

"En ocasiones no es caprichoso reparar en el origen de una tradición. El modelo político-económico de la “comunidad indígena” (como la que nos acogió en febrero-marzo de 2006: la oaxaqueña Juquila Vijanos), combatido hoy por la administración estatal y federal de México, como quiere el neo-liberalismo dominante, combatido en esencia por contrariar pujantes intereses capitalistas."

Homenaje lateral al CIPO-RFM, organización indígena libertaria.

1)
Andrei Tarkovsy hizo decir al protagonista de su película “El sacrificio” unas frases muy bellas en su aparente paradoja, que subrayan el circunstancial valor transformador del inmovilismo, la eventualidad de que también la tradición pueda revestirse de un potencial revolucionario:

“Sabes, algunas veces me digo a mí mismo que, si cada día, exactamente a la misma hora, realizara el mismo acto siempre, como un ritual, inmutable, sistemático, cada día a la misma hora, el mundo cambiaría. Sí, algo cambiaría, ¡a la fuerza!”

La Modernidad puede verse, de hecho Henri Lefebvre quiso verla así, como un “rodillo compresor”, un rodillo que oprime y aplasta la alteridad. Donde subsiste una peculiar especie de lo no-moderno, a un tiempo pre-moderna y anti-moderna, resistencia pos-moderna grávida de un futuro impensado, palpita también una forma de diferencia que el poder teme y persigue: no son “modernas”, por ejemplo, las Comunidades indígenas “en Usos y Costumbres” que persisten en varios estados de México; se apegan, de hecho, a unos valores y unas formas de organización “tradicionales” contra los que se dispone en nuestro tiempo el rodillo homogeneizador del Capitalismo tardío.

2)
No toda tradición es peligrosa de cara al orden social general, por supuesto. Cuando el presente puede ver en el pasado su “germen”, astillas proféticas, lo que “era” antes de “ser”, la tradición correspondiente se empolva y conserva, se mima, se cuida, se nos enseña a amarla como a una madre, a perdonarle sus inevitables caducidades, a venerar su sabia vejez –el grueso de los científicos sociales, en el olvido del anti-historicismo nietzscheano, ha hecho de esta sacralización la médula de su oficio. Pero cuando el presente tropieza con un pasado que apuntaba en otra dirección, donde no reconoce semillas de su ser, un pasado sin retoños o con retoños extraviados, un pasado hostil que lo cuestiona y deslegitima, un pasado eterno que, como apuntara incisivo Benjamin, sólo podría redimirse en un futuro escapado del continuum de la historia, entonces pone en marcha su pesada maquinaria compresora. Sólo es capaz de percibir en esa tradición esquiva, en esa diferencia añosa, un objeto que doblegar o que aniquilar - así lo exige la lógica del interés que lo constituye. Desplegará ante ella esas poderosas estrategias inclusivas y exclusivas, fágicas y émicas, integradoras y marginadoras, a las que, siguiendo a Z. Bauman, nos hemos referido en otra parte. Este es, exactamente, el caso de las comunidades indias de México regidas por “autoridades tradicionales” y organizadas política y económicamente en el respeto de la consuetudinaria “ley del pueblo”. No es irrelevante que la “democracia directa”, bajo una versión no-occidental, y la “propiedad comunera” de la tierra, entendida de un modo que tampoco cabe en los idearios colectivistas o cooperativistas clásicos del utopismo europeo, ocupen un lugar muy destacado en los Usos que estos indígenas defienden con tanta tenacidad. No es irrelevante que el modelo de “transmisión cultural” sancionado allí por la costumbre, que podríamos denominar “la educación comunitaria”, en todas partes herida y en todas partes desfalleciente, nada tenga que ver con el consentido horror de nuestras Escuelas, con el crimen cotidiano de la Enseñanza Moderna.

3)
En ocasiones no es caprichoso reparar en el origen de una tradición. El modelo político-económico de la “comunidad indígena” (como la que nos acogió en febrero-marzo de 2006: la oaxaqueña Juquila Vijanos), combatido hoy por la administración estatal y federal de México, como quiere el neo-liberalismo dominante, combatido en esencia por contrariar pujantes intereses capitalistas, por no dejar resquicio para la propiedad privada de la tierra, por no tolerar el despotismo encubierto de la democracia representativa occidental, esa forma de organización político-económica “india”, con la que tanto han podido simpatizar las minorías anti-globalización de Europa, no constituye, en rigor, una “herencia prehispánica” (tanto en el período clásico como en el posclásico, las sociedades del valle de Oaxaca en particular, casi como el resto de las civilizaciones mesoamericanas, hallaban en la “jerarquía” y en la “desigualdad” dos de sus rasgos característicos, ajustándose a lo que algunos arqueólogos llamaron “culturas de élite”), aunque sí retiene como un soplo de ese pasado fabuloso –el apego a la localidad, al pueblo, y la identificación con ese marco geográfico reducido en detrimento de presumibles solidaridades étnicas o con la sociedad política mayor, como subrayó Whitecotton hace años). Tampoco reproduce sin más el patrón de organización municipal impuesto por la Corona de España en la etapa colonial, el cabildo (que servía para asegurar a los privilegiados, a la nobleza fundamentalmente, el control del gobierno local), aunque no puede negarse que extrae de él algunas de sus notas distintivas –el carácter electivo y rotativo de los cargos, por ejemplo.

Nos importa mucho subrayar, ante este asunto, que las radicalmente insumisas comunidades indígenas “en Usos y Costumbres” de Oaxaca, Puebla, Guerrero, Chiapas,... (con su defensa de la “reunión de ciudadanos”, la Asamblea, como eje de la vida política, su concepto comunal de la inalienabilidad de la tierra, su derecho consuetudinario, etc.), opuestas hoy a proyectos liberalizadores como el del Procede, que apuntan a la desamortización y privatización de los bienes ejidales y colectivos, devienen como una conquista de los campesinos, llamados a veces macehuales, una conquista de los más humildes, de los no-poderosos, del “estado común”, tras una dura y larga lucha social, un enfrentamiento multiforme con los caciques locales, con la nobleza india “españolizada”, con los administradores y propietarios españoles, con los hacendados...

A finales del período colonial se generaliza la “comunidad indígena” como forma peculiar de organización política y económica, resultado de esa batalla campesina en un contexto histórico que, por otro lado, le garantizaba opciones de victoria (el interés “protocapitalista” en asegurarse un vivero de mano de obra barata: el ‘pueblo de indios’, que retiene a su población en condiciones de infrasubsistencia, a la espera del trabajo ocasional o estacional en la hacienda, la mina, la ciudad...; la crisis económica y de prestigio de la nobleza india adherida a los colonizadores; el pulso que la Corona de España libraba con las fuerzas descentralizadoras y escasamente ‘controlables’ del Nuevo Continente; el “paternalismo” de un sector de la Iglesia, etc.); se forja así una estructura que, manteniéndose fiel a sí misma en lo sustancial, atravesará el espesor de los siglos y llegará hasta nuestros días como un “aspecto tradicional”, como una reificación del pasado, sobre todo como un inmovilismo estrictamente revolucionario.

Corresponsable de esa ‘permanencia’, condición innegable de las formas de subjetividad que la protegieron, sustento y aliento de las luchas por su preservación, hallamos una y otra vez la “educación comunitaria indígena”, la educación tradicional, unos modos de socialización incompatibles con la menor exigencia de “clausura”, irreconciliables con la tecnología del “encierro educativo” que la Escuela originariamente occidental define y sanciona.

4)
La lucha contemporánea de las organizaciones indígenas que defienden, contra el neo-liberalismo hegemónico, la subsistencia de las “Comunidades en Usos y Costumbres”, el CIPO-RFM entre ellas (Consejo Indígena y Popular de Oaxaca “Ricardo Flores Magón”, con quien tuvimos el privilegio de cooperar y esperamos volver a hacerlo pronto), recuerda, mantiene viva y reproduce en sus rasgos de fondo y en sus objetivos aquella otra lucha inicial de los macehuales, de las gentes “del común”, contra los poderes caciquiles y colonialistas: un anhelo igualitario de raíz genuinamente campesina y popular; una defensa de la tierra como “valor” cultural y hasta ‘religioso’, en contra de aquellos que sólo piensan en ‘explotarla’ y ‘rentabilizarla’, degradándola de paso, hiriéndola de muerte; una concepción radicalmente democrática del “cargo político”, entendido como ‘servicio’ no-remunerado a la colectividad, fuente de ‘prestigio’ si se desempeña con honestidad y dedicación, exigiendo de por sí un considerable “sacrificio personal”, siempre rotativo, siempre electivo, siempre bajo la supervisión y el control de esa Reunión de Ciudadanos, de esa Asamblea del Pueblo, que constituye el verdadero corazón político de la Comunidad; una insólita capacidad de reivindicación y de movilización, que agota prácticamente ‘todas’ las vías conocidas, desde la “petición” o “solicitud” formal y el recurso administrativo-judicial (que algunos traslumbrados de Occidente podrían execrar como “reformismo”) hasta la manifestación encorajinada, la ocupación audaz, el acto público temerario (causa de cárcel, exilio o desaparición para muchos de estos hombres), pasando por la infinitas variantes del apoyo mutuo, la solidaridad resistente y la imaginación combativa. Todas estas formas de lucha, que sorprenden por su abigarramiento y continuidad a muchos observadores del Primer Mundo, así como los propósitos manifiestos a que obedecen, hunden sus raíces en la tradición. Basta con repasar la historia de los siglos XVII, XVIII y XIX para comprobarlo. Se trata, también, de un tradicionalismo irreparablemente revolucionario...

5)
Quiero terminar este escrito con un saludo emocionado a las gentes del CIPO-RFM, con quienes conviví en febrero-marzo de 2006, hombres y mujeres que saben de la persecución, de la cárcel, de las torturas, del exilio,... Que ahora mismo padecen amenazas de muerte, intimidaciones, procesos judiciales... Y que, a pesar de todo, continúan en su sitio, en la primera línea del frente, con su decidida lucha pacífica, plantándole cara al tirano de turno, el menguado Ulises Ruíz, sabandija del Mal Gobierno como tantas otras, rata inmunda donde las haya. No me olvido de Felipe, de Ezequiela, de Pedro, de Dolores, de Miguel, de César, de Crisóstomo, del bebé Jonatan, del niño Jucho y de sus hermanos mayores, yo diría que ya hombres, Marcos y Felipe,... No me olvido de Juquila Vijanos, comunidad de hombres libres...

En mi miserable condición de privilegiado de Occidente, quisiera no obstante rendirles el más merecido de los homenajes, manifestarles mi admiración y mi respeto por seguir estando donde siempre han estado, entre las mejores personas de esta tierra. Agacho mi cabeza y me arrodillo ante ellos, de quienes me siento, con orgullo, y sin duda, compañero.

¡Ánimo y ganas contra las fuerzas del horror, hermanos del CIPO-RFM!

Pedro García Olivo – La Haine
www.pedrogarciaolivoliteratura.com

El Socialismo de Autogestión Global: meta democrática y revolucionaria del Partido Carlista

El Socialismo de Autogestión Global: meta democrática y revolucionaria del Partido Carlista

Nuestra oferta es la de un socialismo en libertad que supone la gestión democrática de la sociedad. El socialismo en libertad no es otra cosa que la Autogestión Global de toda la sociedad.

 

            El socialismo en libertad, es decir, el socialismo de autogestión global se contrapone a las concepciones capitalistas- dictatoriales, a las democracias formales liberal-capitalistas y al socialismo estatalista, el mal llamado "socialismo real" por todos los enemigos declarados del socialismo plural. Nuestra oferta pretende acercarse a una democracia mas real, es decir a una gestión democrática, a una participación plena de toda la sociedad, que permita al mismo tiempo alcanzar la libertad de los pueblos, la libertad económico-laboral y la libertad ideológica.

 

           El carlismo considera, es desde luego la realidad, que el hombre vive al mismo tiempo en tres tipos de comunidades que corresponden a tres convivencias: la convivencia en el marco de la vecindad, en el marco del trabajo y en el marco del pensamiento o ideología.

 

 
           AUTOGESTIÓN GLOBAL. El Partido Carlista considera imprescindible un sistema político que surja de las entidades más próximas al hombre y resuelva, a partir de ellas, cuantos problemas se pueden y se deben resolver al nivel más próximo al hombre, antes de recurrir a estamentos superiores.

 

 
           Así es cómo se configura una pirámide de mecanismos económico-laborales, ideológicos y de ciudadanía, a niveles locales, comarcales, nacionales, federales, internacionales, que permite en cada nivel la resolución de los problemas que le sena propios y además permita al hombre participar más fácilmente en la vida de su comunidad.

 

 
           Al hablar de Autogestión Global o Total, debe entenderse como gestión democrática de abajo a arriba y aplicarse simultáneamente a la vida de los pueblos, a la vida económica y a la vida ideológica.

 

 
           AUTOGESTIÓN DE LOS PUEBLOS O FEDERALISMO. Para la realización de una sociedad democrática es necesaria, entre otras, la Autogestión de los Pueblos, para poder crear, para poder desarrollarse según su propia iniciativa.

 

 
           La Federación de los pueblos es una autogestión comunitaria, es el poder unificador, pero unificador con libertad, que permita a cada pueblo manteniendo su propia personalidad, ser co-creador de mayores unidades políticas.

 

 
           La concepción federal de la sociedad es la que hará posible una sociedad democrática, porque permitirá al hombre integrarse en su comunidad local y, al mismo tiempo y a través de ella, primero, en una comunidad nacional y, posteriormente, en una comunidad internacional.

 

 
           AUTOGESTIÓN ECONÓMICA. Creemos que la empresa del mañana debe ser una república del trabajo. La dirección de la empresa debe ser elegida por los propios trabajadores de la misma. El capital necesario en cualquier empresa debe estar al servicio de esa república del trabajo: así ya no serán los trabajadores los servidores del capital sino a la inversa, siendo entonces el capital una herramienta en manos de los trabajadores.

 

 
           Esta concepción de la empresa de autogestión permitirá devolver colectivamente a los trabajadores el dominio sobre su instrumento de producción.

 

 
           Pero la autogestión en la empresa debe estar orientada hacia las necesidades de toda la sociedad. Y, si queremos que la sociedad y sus orientaciones partan de las decisiones de los trabajadores, es preciso utilizar un mecanismo federalizador de la voluntad de los trabajadores para proponer la gestión democrática de la economía. Consideramos que el sindicato debe ser el instrumento que sirva para canalizar las propuestas de planificación económica del trabajador, desde el nivel local hasta el nivel federal de los pueblos. El sindicato debe ser el conductor de análisis de las posibles economías y de las propuestas que, en cada nivel comarcal, regional, nacional, federal, etc, podrá proponer soluciones a los estamentos políticos de modo que , en cada uno de estos niveles, se pueda planificar la economía en función de las necesidades, de las posibilidades y de las metas alcanzables en el futuro. Este mecanismo sindical de planificación completa la autogestión económica porque le da dimensión universal.

 

 
           AUTOGESTIÓN IDEOLÓGICA. Si queremos alcanzar una sociedad capaz de evolucionar a la velocidad de las necesidades democráticas de nuestro tiempo, es necesaria la independencia de la creación ideológica respecto a las metas ideológicas que hoy existen en el mundo y que enfeudan o domestican las grandes corrientes actuales.

 

 
           El Partido Carlista cree que el pluralismo político o ideológico es un bien, no sólo por lo que representa de respetar la libertad de las personas, sino porque con ideas presenta constantemente a la sociedad otras materias de diálogo, otras visiones que impiden la esclerosis. La ausencia de pluralismo tiende a frenar la lógica evolución que el tiempo produce (la legitimidad del pluralismo se fundamenta en la misma naturaleza y dignidad del ser humano, dotado de inteligencia, voluntad y libertad). Para que haya presentación de opciones ideológicas, libres de enfrentamientos, es preciso que los partidos políticos dejen de ser simples máquinas electorales y se transformen el comunidades políticas de afiliados, partidarios y simpatizantes, de forma que la vida democrática interna de los partidos políticos no se vea reducida a un Congreso cada x años o a una campaña electoral cada otros x años. Es preciso que sea permanente dentro de los partidos el diálogo de sus militantes y afiliados. Así es cómo vemos la autogestión ideológica a través de los partidos de masas.

El movimiento Carlista frente al Estado Español

El movimiento Carlista frente al Estado Español

Javier Cubero de Vicente

Comunicación presentada en las V Jornadas de Historia Contemporánea–V Xornaes d’Historia Contemporánea, organizadas por la Asociación de Jóvenes Historiadores–Conceyu de Xóvenes Historiadores, y celebradas en Uvieu/Oviedo en abril de 2006.

 

Era la doctrina regionalista que em seduhïa. Encara que no la comprenia pas bé, portat per un intens amor a les coses de casa, presentia la reconstitució de nostra antiga nacionalitat i la resurrecció d’una federació espanyola com a única reparació de punyents injustícies i desastrosos errors polítics. Així concebia jo el carlisme, i així vaig acceptar-lo.

Marià Vayreda, Records de la Darrera Carlinada, 1898

El carlismo es un fenómeno político y cultural con una realidad histórica muy diferente y mucho más rica que la imagen que de él tienen algunos sectores de la sociedad española; la cual se debe al continuo maltrato y desdibujamiento que ha sufrido por parte de numerosos sectores intelectuales desde el siglo XIX hasta hoy, parcialidad que a veces era claramente reconocida, como hicieron los autores del Panorama español cuando afirman que “Seremos imparciales al relatar los hechos de los hombres de todos los colores políticos que han aparecido entre nosotros (...) Los moderados, los progresistas, los republicanos y cualesquiera otras denominaciones que hayan podido darse serán medidos por nosotros con el mismo rasero. Los que se llaman carlistas, jamás”[i]. Para Josep Miralles Climent, el carlismo “parece no haber encajado demasiado bien en la mayoría de tendencias historiográficas que han ido dominando a lo largo de su ya dilatada historia. El carlismo se ha considerado como un fenómeno marginal, cuyo conocimiento no merecía demasiado interés, bien porque se consideraba simple y llanamente una cultura reaccionaria, contraria al progreso, o bien porque se hallaba al margen del sistema dominante”.[ii] 

Otros autores van bastante más lejos en su crítica de las tendencias mayoritarias de la intelectualidad española, afirmando que éstas han tenido esas actitudes con el fin de sancionar la construcción moderna del Estado Español reduciendo interesadamente el Carlismo a un simple conflicto dinástico o de entre progreso y reacción dentro de las luchas internas del Estado que se estaba construyendo, cuando realmente el Carlismo era la expresión política de la resistencia de las comunidades periféricas a la construcción del Estado centralista. Por tanto al carlismo habría que estudiarlo dentro del “marco cultural de los pueblos singulares minorizados europeos, que, partiendo de viejas reivindicaciones legitimistas, hicieron de unas dinastías dotadas de sensibilidad regionalista un marco de reivindicación de espacios de libertad para una identidad autóctona”[iii] siendo interesante en esta línea ver las semejanzas que presenta “con otros movimientos autonomistas de raíz campesina y cultura céltica(...) los vendeanos, los chuanes bretones, los irlandeses o los jacobitas escoceses”.[iv] 

Al carlismo histórico se le puede clasificar dentro de lo que Hobsbawm denominó rebeldes primitivos, formas arcaicas de agitación social que no se pueden incluir ni en las revueltas propias del Antiguo Régimen ni en los movimientos sociales modernos y que han sido subvaloradas por muchos historiadores que no han podido o no han querido estudiarlas seriamente porque eso les suponía romper con sus esquemas predeterminados. De hecho “la filiación y el carácter político de estos movimientos resulta no pocas veces impreciso, ambiguo” pues están formados por “gentes prepolíticas que todavía no han dado, o acaban de dar, con un lenguaje específico en el que expresar sus aspiraciones tocantes al mundo”. Los integrantes de estos movimientos no nacen dentro del mundo del capitalismo, sino que “llegan a él en su calidad de inmigrantes de primera generación, o lo que resulta todavía más catastrófico, les llega este mundo traído desde fuera, unas veces con insidia, por el operar de fuerzas económicas que no comprenden y sobre las que no tienen control alguno; otras con descaro, mediante la conquista, revoluciones y cambios fundamentales en el sistema imperante, mutaciones cuyas consecuencias no alcanzan a comprender, aunque hayan contribuido a ellas” siendo su problema el “cómo adaptarse a la vida y luchas de la sociedad moderna[v]. Y una de las formas de enfrentarse a esa transición del viejo mundo al nuevo es “una explosión del legitimismo popular en sus formas más abiertamente tradicionales (...) como ocurrió con el carlismo (...) sin embargo, la rebelión primitiva deja de ser muy pronto un mero rechazo del presente, para convertirse en medio de controlarlo, aunque sin la herramienta adecuada, con una mezcla de ideas viejas y nuevas. Puede que refleje, y de hecho suele reflejar, los elementos dinámicos y progresivos en el seno de una sociedad atrasada en trance de mutación (...) Y es que su capacidad de lograr resultados positivos depende de su capacidad de absorber elementos modernos”[vi] pudiendo ser precursores del despertar político, antecedentes de las modernas organizaciones políticas, de las cuales incluso pueden acabar llegando a formar parte.

El Carlismo, por tanto aunque surgido como un rechazo rotundo e instintivo de las consecuencias sociales y de la nueva cultura de la Revolución Industrial y de la revolución liberal, ha sido capaz de continuarse a lo largo del tiempo, reelaborando su ideario político para ir dando respuesta a los nuevos problemas sociales pero sin perder de vista unos principios culturales de tipo tradicional. Y curiosamente el Carlismo en algunas de aquellas de sus actitudes que fueron consideradas más reaccionarias en el pasado, se ha adelantado a movimientos considerados actualmente como progresistas. Otra característica importante del Carlismo a lo largo de su larga historia ha sido su pluralidad, no constituyendo jamás un bloque uniforme.En el nacimiento y desarrollo del Carlismo a lo largo del siglo XIX confluyeron “tres determinantes históricos bien diferenciados: hay un problema de resistencia campesina a la penetración del capitalismo liberal en los medios rurales; hay un problema de resistencia autonomista frente a un Estado liberal resueltamente entregado a su función centralizadora; hay un problema de resistencia de unas formas de religiosidad tradicionales(...) frente a cuanto el liberalismo y el proceso general de secularización comportan(...). A estos tres factores determinantes puede añadirse la incidencia, desde poco antes de morir Fernando VII, del consabido conflicto dinástico.”[vii] La bandera dinástica de Don Carlos fue ante todo el paraguas en torno al cual se agruparon todos los sectores que se oponían a la Revolución liberal, cuya unidad desaparecía en cuanto trataba de desarrollarse un proyecto político de gobierno. Dentro del primer carlismo encontramos tres grupos políticos: los transaccionistas (dispuestos a entenderse con el liberalismo moderado), los apostólicos (absolutistas intransigentes) y los foralistas, que tenían “muchas influencias en las masas”, siendo este el grupo que realmente “aporta al carlismo el programa que le dará fuerza y pervivencia a lo largo de un siglo”[viii]. Algunos autores como Tuñón de Lara ven en las guerras carlistas los primeros signos de formación de una conciencia nacional en la periferia del Estado[ix], y de hecho el carlismo se caracterizara por una defensa de los particularismos institucionales frente la uniformización constitucionalista del Estado liberal. Y socialmente el carlismo fue un movimiento “de carácter popular-campesino, en el que los intereses del campesinado confluyeron con los de la pequeña nobleza y con los de la Iglesia, es decir, las tres fuerzas sociales sacrificadas por las políticas desamortizadoras burguesas del siglo XIX”.[x] 

El desprecio con el que los militares liberales trataron a los rebeldes carlistas les produciría una amarga sucesión de derrotas, pues para su sorpresa aquellos que consideraban aldeanos montaraces mal armados que “parecían más una tribu de indios americanos que un ejército moderno” según el inglés Bacon[xi], poseían unas tradiciones organizativas eficaces con las que pudieron organizar un ejército popular. En diciembre de 1833 Zumalacárregui combatía al frente de 3.000 voluntarios, un año más tarde dirigía un ejército de más de 35.000 carlistas con los que fue derrotando sucesivamente a un Ejército español cinco veces superior. Apenas daban un paso los militares, los guerrilleros ya lo sabían, pues los pueblos filocarlistas se avisaban unos a otros por toques de campana o mensajeros. El Ejército respondió a esto con castigos colectivos a familias, pueblos y valles enteros, acusados de colaborar con los carlistas. En la ciudad de Tafalla, a pesar de estar ocupada por las tropas liberales, en un recuento de abril de 1835, figuraban 175 jóvenes ausentes “en la facción de los revolucionarios” mientras que sólo había 9 “sirviendo a Nuestra Señora la Reina”.[xii] Entre los carlistas, que proclaman orgullosamente su incorporación voluntaria a la guerra veremos aparecer una vertiente antimilitarista y de hecho, en toda la documentación de época los carlistas rara vez utilizan para sí mismos las palabras tropa, soldado o recluta, empleando siempre las de voluntarios o paisanos armados”.La movilización popular a favor del Carlismo sólo se puede llegar a entender si se tiene en cuenta que“para muchos voluntarios, la guerra toma la apariencia de un combate de liberación social”, de una lucha de “pobrerío carlista contra ricos liberales”, de hecho, ya en 1833, el virrey de Navarra instaba a las autoridades a defender la propiedad privada de los ataques que estaba sufriendo por parte de “los revolucionarios que infestan el país”. Pero el carlismo no fue un movimiento exclusivamente campesino, encontrando también apoyo entre los trabajadores urbanos. Cuando entró en Oviedo la expedición carlista del general Gómez, en la prensa liberal de Madrid se publicó que “la ciudad quedó desierta de toda la gente honrada, y los carlistas sólo recibieron el aplauso de la pillería de los mercados y el sanculotismo, carniceros, zapateros y albañiles”. En 1835, el Gobierno español consciente de la dificultad de sofocar él solo la sublevación, solicitará con éxito ayuda militar a Francia, Portugal y Gran Bretaña, cargando así de razones morales a los carlistas. Finalmente el desgaste de la guerra y las divisiones internas del carlismo llevaran al Convenio de Vergara, finalizando la Primera Guerra Carlista con la victoria gubernamental en 1840.

El liberalismo triunfante podía ya dedicarse plenamente a la construcción del Estado unitario español y del nuevo orden económico capitalista, deshaciendo el entramado municipal y comunalista de la sociedad tradicional. Mientras tanto el Carlismo “iniciado como una negación de la revolución liberal (...) iría enriqueciendo su contenido doctrinal sin más que apuntarse como tantos propios los fallos del liberalismo –es decir la contrapartida social de la revolución-. Al concluir la primera guerra, el Carlismo aparecía identificado con las reivindicaciones foralistas –replica al centralismo a ultranza del sistema liberal-. Y por este camino, hallaría ya posibilidades proselitistas en el campo abierto por el despuntar de determinados nacionalismos históricos, impulsados en la ola del romanticismo (...); éste es el caso del catalanismo de Tomás Beltrán y Soler (...) que se adelanta en muchos aspectos (¡ya en 1848!) a las posteriores lucubraciones de Prat de la Riba. Por último, ya en la época de Carlos VII, el carlismo contrasta el progresismo a ultranza con una revitalización de viejas herencias medievales que se entenderán como consustanciales al ser real de España, según los posteriores enunciados de Vázquez de Mella: al liberalismo centralista se opondrán las antiguas libertades históricas; al federalismo abstracto pimargalliano, la restauración “foralista” de aquellas entidades nacionales que se confederaron en tiempos de los Reyes Católicos (...) al descarnado desamparo del “cuarto estado”, creado por el ascenso de la burguesía industrial, una apelación a las antiguas “garantías sociales” del sistema gremial”.[xiii]

El carlismo se sublevara nuevamente en varias ocasiones; siendo una de ellas la Segunda Guerra Carlista (1846-1849), que se desarrolló principalmente en Cataluña; y se irá regenerando gracias a la labor de carlistas como el bardo Iparraguirre, de cuyo activismo foralista se hablará en la Cortes “Señores: yo he concurrido a oír uno de esos conciertos al aire libre en aquellas montañas. Estaba anunciado que Iparraguirre cantaría la canción “El árbol de Gernika” que es el símbolo de la libertad foral. Concurrieron de todas las villas, pueblos y caseríos circunvecinos sobre seis mil personas (...) al oír las últimas cláusulas, aquellos hombres que habían llevado boina durante los seis años de guerra, que tenían un corazón caliente y les chispeaba la sangre, levantaban los brazos en ademán activo jurando morir por los fueros”.[xiv] El arraigo popular del Carlismo era reconocido por sus propios adversarios: Joaquín Francisco Pacheco, ministro de Estado en 1854, confiaba ese mismo año al embajador inglés en Madrid, que la mitad de los votos del electorado serían para los carlistas si estuviera en vigor el sistema del sufragio universal.[xv]

En 1868 al Partido Carlista se le permitirá entrar en la legalidad y participar en las elecciones, llegando a obtener 79 parlamentarios en 1871, pero la falsificación de las elecciones de 1872, producirá una nueva insurrección, iniciándose la Tercera Guerra Carlista (1872-1876). Desde la prensa liberal se señalará que las causas de esta guerra son de origen socialista, alertando sobre el odio social del campesino a los grandes propietarios y “el color socialista del más subido rojo” de los sermones de los párrocos carlistas[xvi]. Los jornaleros y pequeños labradores carlistas se habían empobrecido con las nuevas legislaciones mientras habían visto enriquecerse a los abanderados del liberalismo a costa de los bienes comunales. Y una vez sublevados, los campesinos carlistas dislocarán a las autoridades liberales, destruyendo todo lo que represente al Estado liberal, quemando los registros civiles de los pueblos, paralizando ferrocarriles y telégrafos, persiguiendo a los ricos que se habían apropiado de las tierras desamortizadas; es entonces cuando se vislumbran los rasgos luddistas de las bases carlistas. Ante el deterioro del poder del Estado, el capitán general Rafael Izquierdo afirmara que“hay que hacer país liberal y país español cuando menos”[xvii]. Los oficiales del ejército liberal reaccionarán violentamente contra quienes no hablaban en castellano, e incluso se va a producir la detención de paisanos que por no responder en castellano al ser preguntados por el movimiento de las guerrillas, van a ser considerados sospechosos de ser carlistas[xviii]. Los carlistas llegaron a controlar un territorio lo suficiente amplio como para crear un pequeño estado, restableciendo las instituciones tradicionales de autogobierno y organizando la sanidad, la enseñanza y las comunicaciones. Carlos VII en un manifiesto a los pueblos de la Corona de Aragón anunciará la restauración de sus Fueros, y en Gernika jurará los Fueros vascos. Para el diario La Crónica de Cataluña estaban unidos los carlistas catalanes y los cantonalistas “en la idea de romper la unidad nacional, que tantos siglos ha costado[xix], acusando a los carlistas de pretender hacer un simulacro “de gobierno carlista de Cataluña, de proclamar los fueros de no sabemos de qué época, sin considerar que lo que proclaman es federalismo”.

La victoria del ejército liberal en 1876 será presentada “por Cánovas como un triunfo de los ejércitos regulares al servicio de un Estado constituido, sobre una guerrilla popular; género este último de resistencia popular en que nunca creyó”[xx]. Un aspecto que llamó la atención de los corresponsales de prensa fue el espíritu con el que los carlistas volvían a casa “Los carlistas han sido derrotados, vencidos y aplastados por los Ejércitos de la Nación, pero el espíritu carlista, sus convicciones, sus masas quedan en pie, sin armas es cierto, pero engreídos y envalentonados y respirando más animosidad y odio que antes de la guerra (...) más bien que partido anulado y arrepentido, parece un enemigo sujeto a un armisticio indefinido”[xxi].

Uno de los principales ejes vertebradores del carlismo fue el comunitarismo (“Los Fueros, en el sentido legítimo de la palabra son la tradición misma, como lo es nuestra Bandera; por eso escribimos en ella al lado de las palabras Dios, Patria, Rey, la de Fueros”). Un comunitarismo que tenía tres dimensiones, una inmediata, ligada a su pueblo, a la parroquia, al valle, con sus tradiciones, sistemas de vida, comunales y relaciones sociales;  otra algo más global, que algunos definen como “protonacionalismo” y que une a las diferentes comarcas en países definidos por una historia, una cultura, una lengua y unas tradiciones propias; y por último, Las Españas como el conjunto de los diferentes países o comunidades históricas, unidos culturalmente por la religión católica y políticamente por una Monarquía Federal fundamentada en un pacto entre las comunidades y la Corona, y en la cual, los diferentes países tendrían tal alto grado de autogobierno que el proyecto carlista era definido por sus portavoces como una “confederación de repúblicas sociales”. Y en caso de ruptura del pacto, las comunidades tenían derecho a independizarse. La Patria para los carlistas era la tierra natal, de los antepasados, la tierra de una misma comunidad afectiva, con cultura e instituciones propias, y por tanto defenderán las comunidades históricas rechazando la división provincial del Estado liberal. Y el aspecto religioso debe interpretarse como un aspecto más de la personalidad de sus comunidades, es la fe de sus antepasados, vivida en una dimensión comunitaria con sencillez y autenticidad, pues los carlistas optaban por una Iglesia en pobreza y libertad, con absoluta independencia de los poderes estatales para cumplir su misión. Los carlistas entenderán a los fueros “como las leyes que el pueblo se da a lo largo de la historia, primero consuetudinariamente, posteriormente codificadas por escrito”[xxii]. Y el régimen foral defendido por los carlistas estará dotado de una base no individualista pues las primeras asambleas vecinales nos muestran una agrupación federativa de familias, desde las cuales se va estructurando progresiva y federativamente el edificio foral: anteiglesias, pueblos, Juntas: “¿Qué es lo que forma y se llama el Señorío de Bizcaya? La unión o asociación de los pueblos bizcaínos, confederados en bien de los intereses generales de todos ellos. Constituyen un todo, una agrupación homogénea, pero sin que ninguno de ellos abdique su independencia, siendo todos iguales en derechos y deberes, sean grandes o pequeños, y sin que, ni todos reunidos, ni ninguno de ellos por sí, pueda mezclarse en la gestión peculiar y exclusiva de los asuntos que sólo afecten a uno de los componentes de la agrupación. Más claro; es una confederación de pueblos independientes para realizar un objeto determinado, y para, apoyados los unos en los otros, alcanzar el bienestar de todos”. En el régimen foral se da una división de poderes entre las Juntas (legislativo) y la Diputación foral (ejecutivo). Y de la misma forma que los municipios conservan su propia soberanía, el conjunto del Señorío de Vizcaya, históricamente confederado a la monarquía hispánica, conserva la suya. En definitiva:“Los fueros además de ser la constitución de Bizcaya, son la síntesis, la expresión elocuente de la libertad del pueblo euskaro, (...) la fórmula de la libertad personal de los Bizcaínos y de la independencia de la tierra”. Y los carlistas no entenderán el autogobierno foral como un privilegio reservado a uno o dos países, sino como un derecho defendido para todos los pueblos de Las Españas, así el periódico Le Monde al comentar el manifiesto de Carlos VII de 1869 afirma “D. Carlos lo ha dicho: la Constitución de Vizcaya, que realiza el gobierno del país por el país, debe ser la constitución de toda España”.[xxiii] 

Los intelectuales carlistas considerarán al proceso capitalista (industrialización, consumismo, nuevos valores estatales) como una amenaza a la personalidad de sus comunidades, las cuales serán ensalzadas por una literatura de carácter romántico que incide en la loa del mundo rural tradicional, y postularán como alternativa una sociedad basada en la ética del Evangelio. Los carlistas desarrollarán una fuerte actividad culturalista, incentivando el estudio de la historia y el desarrollo de las costumbres tradicionales, fomentando el folclore, y promoviendo el cultivo de las lenguas autóctonas frente al castellano, la lengua de las elites liberales. Para los carlistas si sus comunidades desean llegar a ser libres, estas deben conservar intacto su patrimonio cultural. Son estos los años del llamado renacimiento de las culturas regionales, cuando se produce el acceso de las lenguas hispánicas diferentes de la castellana a formas de expresión literaria de una calidad no lograda hasta entonces y el redescubrimiento de unas identidades alternativas a la uniforme Nación española del constitucionalismo liberal. Sin embargo, el carlismo va a perder el monopolio de la defensa de las culturas autóctonas y de los particularismos institucionales, debido al surgimiento de nuevas corrientes regionalistas, y en País Vasco y en Cataluña; éstas intentarán absorber y transformar al carlismo en un movimiento nacionalista católico similar al irlandés. Los carlistas criticarán a los nacionalismos periféricos por subordinar la defensa de la cultura y lengua autóctonas a su proyecto de construcción nacional, asentado sobre bases urbanas y dotado de unas tendencias unitarias peligrosas para las peculiaridades específicas de las diferentes comarcas. Y el carlismo logrará integrar algunas de estas nuevas corrientes como el sector gallego que encabezaba Alfredo Brañas. El ideal carlista es una sociedad asentada en sus raíces, pero constantemente renovada sobre su propia identidad, la cual tiene su mejor representante en el pueblo campesino.En 1897 varios parlamentarios carlistas elaboran el Acta de Lóredan, uno de los documentos programáticos más importante del Carlismo, en el cual se señala como objetivo político el ver “Reintegradas en sus fueros las Provincias Vascongadas y Navarra; restablecidos también los de Aragón, Cataluña, Valencia y Mallorca; restauradas de nuevo las antiguas instituciones de Galicia y Asturias y garantizadas en adelante las libertades de los diversos países de la Corona de Castilla y León” y se afirma que las constituciones históricas debían ser puestas al día “pero siempre sin ajenas imposiciones”. El Carlismo supo adaptarse a la nueva realidad política, creando áreas propias de sociabilidad que le permitieran renovarse: los Círculos Carlistas, donde se organizaban actividades culturales, deportivas y educativas, y que se convirtieron en la base de la estructura del Partido Carlista. Los carlistas desarrollaron toda una estética caracterizada por la nostalgia de un paraíso perdido, que en puridad nunca había existido tal como lo presentaban, y cuyos valores eran “la defensa de las sociedades primitivas frente a las industrializadas, la preferencia de la vida natural a la vida urbana, la superioridad del objeto artesanal sobre el manufacturado en serie, en fin, la exaltación de la belleza por encima de lo moderno”[xxiv] y lo tecnológico.

En los inicios del siglo XX se producirá una revitalización del Partido Carlista pues “el creciente rechazo popular a los gobiernos alfonsinos hizo que los simpatizantes y militantes de la Causa aumentasen en sus feudos históricos y en las zonas rurales del norte de España sobre todo”.  Se procede entonces a la conquista del espacio público a través de actos y concentraciones de masas en lugares simbólicos del Carlismo como Montserrat.  Frente a un estado liberal burocratizado donde predominaban la empleomanía, la centralización y la secularización, el Carlismo construye una imagen de sí mismo, perfilando una contrasociedad que reforzaba los lazos comunitarios y la pertenencia del carlista a una misma comunidad, opuesta a la disgregadora e individualista sociedad liberal.Políticamente los carlistas van a colaborar con los nacionalismos periféricos. En 1906 se constituyó la coalición Solidaritat Catalana, formada por nacionalistas catalanes, republicanos federales y carlistas. Y en 1907 se fundó, siguiendo el ejemplo catalán, Solidaridad Gallega, que lograría “concienciar el campesinado gallego”[xxv], y también se promovió otro proyecto similar en el País Valenciano. En Asturias, en 1916 los carlistas promoverán la Junta Regionalista del Principado. Y junto con los nacionalistas vascos formarán la Alianza Foral en 1921, dotada de un programa comprometido tanto con la cultura y lengua autóctonas como con la situación de las clases populares: creación de un crédito agrícola, apoyo al patrimonio comunal de los pueblos, autonomía municipal, seguros de retiros obreros, y un plan de repoblación forestal, en el cual vemos la vertiente ecologista del carlismo, preocupado por el mantenimiento de la riqueza ecológica frente a una industrialización salvaje. También se produce una nueva rearticulación del discurso carlista, se insistirá en la sustitución del Estado por una Confederación de pueblos soberanos, como vía para construir una auténtica democracia, frente a los liberales “que entienden el patriotismo como una persistencia de su caciquismo”. Los carlistas interpretarán de forma radical la doctrina social católica, organizarán sindicatos católicos y no dudarán en entenderse con los socialistas a la hora de las reivindicaciones concretas, por lo que fueron acusados de ser “bolcheviques blancos”. Y desde los Círculos Carlistas se promovían cooperativas y se intentaba recuperar tierras que habían sido comunales. A pesar de esto, los cambios sociales y culturales erosionaban las bases carlistas pues “en los hacinados barracones, la transformación del jornalero carlista en proletario rojo será meteórica”.[xxvi] 

En 1930 los carlistas catalanes elaboraron un Projecte d’Estatut de Catalunya de tipo confederal, y en 1931, Jaime III en un manifiesto reafirma que “ha sido siempre el fundamental objeto de nuestra política realizar la federación de las distintas nacionalidades ibéricas”. Los carlistas colaboraron con el PNV en la elaboración y defensa del Estatuto de Estella, en el cual se proponía un “Estado Vasco”, y apoyaron el Estatuto de Cataluña en el referéndum de 1931. Sin embargo, los ataques a los edificios religiosos y a la religiosidad popular en la II Republica, van a llevar al carlismo a una defensa de la Iglesia y a formar una amalgama con integristas, tradicionalistas mellistas y otros sectores de la derecha católica. En esta amalgama denominada Comunión Tradicionalista las reivindicaciones sociales y la personalidad de la comunidad carlista se va a difuminar en el marco de la defensa de la religión y de la lucha contra el peligro del totalitarismo soviético. El discurso federalista va a ser sustituido por una foralidad retórica y abstracta, de la mano del intelectual Pradera, cuya doctrina  era considerada por los antiguos carlistas como una “deformación ideológica”, un falso tradicionalismo. Esto va a producir el desencanto de sectores carlistas, que se integrarán en los nacionalismos periféricos (la Unió Democrática de Catalunya surgirá como una escisión carlista) o en la izquierda obrerista (viejos círculos carlistas se convertirán en centros obreros izquierdistas). Finalmente, las políticas antireligiosas  y la violencia política acabarán produciendo en 1936 un pacto entre la cúpula directiva carlista (en la cual la presencia de antiguos carlistas era mínima) y un sector del Ejército Español, el gran enemigo histórico del Carlismo, para dar un golpe de Estado e instaurar un gobierno ordenancista, cuya duración debía ser lo más corta posible y al que deberían seguir unas elecciones libres. El golpe fracaso, derivando en una guerra civil, en la cual el pacto con la dirección carlista no va a ser respetado, creándose una dictadura militar, que va a intentar absorber al carlismo mediante el Decreto de Unificación. Pero la Comunión Tradicionalista no va a aceptar ese Decreto, siendo todos sus bienes confiscados por Falange, y pasando a la ilegalidad. A los carlistas les tocó la terrible paradoja de ser perdedores políticos en el bando de los vencedores militares, sufriendo por parte del régimen franquista, deportaciones, exilios, persecuciones, encarcelaciones, ...

Durante la postguerra el partido va a reorganizarse lentamente en la clandestinidad, y elaborará un discurso político incidiendo en su oposición al fascismo y al capitalismo. También se va a reelaborar una doctrina regionalista, marcada por la defensa de la pluralidad cultural hispánica y de los autogobiernos regionales y locales, frente al duro centralismo de la dictadura.  En 1950, D. Javier de Borbón-Parma en un viaje de incógnito al País Vasco juró bajo el árbol de Guernica los Fueros y libertades de Euskalherria y del resto de los países que conformaban las Españas. Durante los años siguientes va a haber una radicalización de los posicionamientos sociales, atacándose ácidamente al capitalismo y a “las estructuras sociales burguesas”, y durante la década de 1960 se va a producir una fermentación ideológica del Carlismo, influida por el Concilio Vaticano II y la transformación social del Estado español. El Concilio Vaticano II volvía a poner a la Iglesia, en cuanto comunidad de fe y de esperanza, en la vanguardia del pensamiento crítico, especialmente en los temas políticos, sociales y económicos. Se volvía a enlazar con la tradición cristiana de liberación “aquí y ahora” y se desterraban viejas fórmulas que si en otro momento histórico tuvieron sentido, ya no servían sino que obstaculizaban un diálogo sincero y constructivo con todos los hombres de buena voluntad. Esta renovación del pensamiento social católico va a influir decididamente en el Carlismo, que pasará a identificarse con los sectores más avanzados de la Iglesia española, e incluso con la Teología de la Liberación. La transformación social y económica del Estado español en esta época tuvo un fuerte coste social (emigración del campo a las ciudades, grandes barriadas obreras en la periferia, marginación y desarraigo social, perdida de identidad,...) pero produjo el surgimiento de una nueva clase obrera que no luchaba solamente por las condiciones de trabajo, sino también por mejores condiciones de su vida en general (urbanismo, sanidad, cultura). Estos dos factores, renovación de la Iglesia e industrialización rápida del Estado, supusieron un cambio radical en la sociedad española y en el Carlismo, que tuvo que replantearse las formas de actuación política eficaces. Las principales organizaciones carlistas renovadoras van a ser la estudiantil AET y el obrerista MOT. Se buscará construir un nuevo modelo de sociedad, basado en el principio de la dignidad de la persona humana tal como lo exponía la doctrina católica, algunos sectores carlistas empezaran a definirse como socialistas, y a partir de 1964 ya se hablará claramente de socialización de la empresa. En estos años la concentración anual de Montejurra se convertirá en el acto carlista por excelencia, al cual acuden decenas de miles de personas, pues el Carlismo aún conservaba parte de su arraigo popular. De hecho “permanecían en activo importantes núcleos carlistas, obviamente en Navarra, pero también en pueblos de Vizcaya y Guipúzcoa (Elorrio, Ondárroa, Azpeitia, Azcoitia, Urrestilla...)”[xxvii], de Cataluña, del País Valenciano,... y se conservaban aún las raíces culturales como reconoce Jon Juaristi:“cuando desde ETA comenzamos a colaborar con los Grupos de Acción Carlista (…) hice amistad con algunos jóvenes pistoleros carlomaoistas de la comarca (…) Atendiendo sólo a criterios lingüísticos y etnológicos, puedo afirmar que eran mucho más vascos que yo. Hablaban perfectamente el eusquera; es decir, hablaban sólo en eusquera. Jugaban al frontón endiabladamente bien y no dudo que nos habrían puesto en ridículo, a mí y a todos los etarras urbanícolas, si hubiéramos tratado de competir con ellos bailando la jota o el aurresku”[xxviii]. Los Grupos de Acción Carlista fueron un sector mayoritariamente juvenil que influido por las luchas anticoloniales de los nacionalismos tercermundistas, respondió a la represión franquista con la lucha armada, llegando a realizar acciones como volar la terminal del oleoducto de Rota-Zaragoza.

Desde 1966 los sectores obreros carlistas estuvieron vinculados al movimiento de las Comisiones Obreras, aunque en 1970 algunos crearon una nueva organización sindical: Federación Obrera Socialista. En los tres Congresos del Pueblo Carlista celebrados entre 1970 y 1972, se fijará la renovación ideológica: el Partido Carlista (PC) se define como un partido de clase, de masas, democrático, socialista y monárquico federal. Un sector de extrema izquierda del partido creará su propia organización: las Fuerzas Activas Revolucionarias Carlistas, solicitará al PC que deje de definirse como monárquico, y definirá su fin político como la construcción de la Federación de Repúblicas Socialistas Ibéricas. En 1974 quedará finalmente perfilado el proyecto de Socialismo de Autogestión Global del PC. La idea de sustituir al capitalismo como sistema de organización social y económico tenía una tradición carlista, encontrándose la principal novedad en la rotunda utilización de los términos socialismo y autogestión, y la utilización de este último término era necesaria para que no quedase ninguna duda sobre el proyecto, remarcando el carácter antiestatista y anticentralizador del Carlismo. Con el fin de estar presente en diferentes ámbitos sociales el PC desplegó una política de frentes de lucha, con los frentes obrero (“que alcanzó unos niveles de implantación notables”), estudiantil, de pueblos y barrios, profesional y campesino. Durante estos años el Partido Carlista y el Partido Comunista de España serán las fuerzas políticas “numéricamente más importantes”[xxix] de la oposición antifranquista y de hecho eran considerados como los dos únicos partidos compactos, articulados y disciplinados[xxx]. La evolución ideológica del Carlismo, sorprendente para algunos, ha sido considerada muy lógica por el profesor Tuñón de Lara.

- “¿Es históricamente explicable la evolución seguida por el Partido Carlista?

- Es un fenómeno de gran interés, aunque sin duda alguna es explicable. No podemos olvidar que el carlismo ha tenido siempre un enorme arraigo popular, ni tampoco que el proceso de industrialización en las zonas donde está extendido es notable. En Navarra, en concreto, se ha pasado de una mayoría agraria a una mayoría industrial en poco tiempo. La evolución seguida me parece muy lógica.”[xxxi] 

El Partido Carlista no se limitará a una defensa teórica del derecho de autodeterminación de los pueblos como un fin lejano a conseguir dentro del juego político de un estado democrático, sino que lo planteará como un fin inmediato, garantía de un  proceso democrático auténtico, vinculando su ejercicio a un proceso de construcción del socialismo. El PC proponía la realización de una revolución que supusiera la creación de nuevas estructuras y la desaparición política de la clase dominante, y en caso de imposibilidad de una revolución global, en el supuesto de una democracia formal, postular el reconocimiento de la soberanía de los pueblos como vía para construir el socialismo. Esto presuponía algo más que una simple ruptura democrática, alternativa que fracasó en la Transición política, debido en parte a aquellos grupos políticos que teóricamente la apoyaban pero que en la practica optaron por una desmovilización política de masas que se llamó ruptura pactada. Se estaba proponiendo como una vía al socialismo el fin del bloque oligárquico del estado español a través de la desintegración de la estructura política en la que basa su dominio: el estado unitario. Esta concreta defensa del principio de autodeterminación y la incompatibilidad carlista con la Monarquía impuesta por el franquismo (la cual era un elemento clave en el diseño que desde el propio régimen franquista se había hecho de la Transición y de la democracia postfranquista) son algunas de las causas de la marginación del PC en la Transición. La marginación se concretó principalmente en: exclusión del PC en la comisión negociadora con el gobierno, represión política, incluida la agresión fascista de Montejurra en 1976 que contrasta con la tolerancia a otros grupos que incluso pueden celebrar Congresos y actos de presentación en idéntica situación de ilegalidad; no legalización del PC hasta ya celebradas las primeras elecciones parlamentarias, campaña de silencio en los medios de comunicación[xxxii]. Tras el resultado electoral de 1979, el PC, que en los años anteriores había sufrido diversas escisiones tanto por la izquierda como por la derecha, entro en una fuerte crisis, diseminándose su antigua militancia y pasando a una situación extraparlamentaria y de poca actividad externa (aunque en 1986 participó en la fundación de Izquierda Unida). Solamente en los últimos años se ve un tímido relanzamiento del PC, que en el 2003 obtuvo representación en diversos ayuntamientos navarros y sigue celebrando el acto anual de Montejurra. Y aún existe un cierto carlismo cultural en las sociedades vasca y catalana, pues como reconocía un destacado intelectual de la izquierda abertzale en Gara: ”Ahora votan a siglas extrañas, aunque ninguna les reconoce su pasado, pero el país carlista sigue ahí. Se expresa de vez en cuando, en el no a la OTAN; en los datos de escolarización en euskera; en los nombres vascos de sus nietos; en el apego a la tierra; en mil datos que no se explican con los resultados electorales...”. Se podría decir que el legado de los carlistas, es el de una rebeldía por el derecho a seguir siendo ellos mismos, que ha contado con el desprecio de las elites, y que ha servido de herramienta para afirmar una identidad o un ideario renovador o revolucionario.



[i] GARMENDIA, Vicente. La Segunda Guerra Carlista (1872-1876), Siglo XXI de España, 1976, pág. 49.
[ii] MIRALLES CLIMENT, Josep, El carlismo frente al estado español: rebelión, cultura y lucha política, Biblioteca Popular Carlista, 2004, pág. 45.
[iii] LÓPEZ ANTÓN, José Javier, Escritores carlistas en la cultura vasca, Pamiela, 1999, pág. 276.
[iv] LÓPEZ ANTÓN, Escritores carlistas..., ob. cit., pág. 137.
[v] HOBSBAWM, Eric J., Rebeldes primitivos. Estudios sobre las formas arcaicas de los movimientos sociales en los siglos XIX y XX. Ariel, 1974, págs. 11-12.
[vi] HOBSBAWM, Rebeldes primitivos..., ob. cit., págs. 317-318.
[vii] JOVER ZAMORA, José María, “La época de la restauración. Panorama político-social, 1875-1902”, en TUÑÖN DE LARA; M.,(Dir.) Revolución burguesa, oligarquía y constitucionalismo (1834-1923), Labor, 1992,  pág. 310.
[viii] SECO SERRANO, Carlos, Tríptico Carlista, Ariel, 1973, págs. 56-57.
[ix] ESPARZA ZABALEGI, Jose Mari, ¡Abajo las quintas! La oposición histórica de Navarra al Ejercito español, Txalaparta, Tafalla, 1994, pág. 182.
[x] ALBERCA, Manuel, Valle-Inclán: la fiebre del estilo, Espasa-Calpe, 2002, pág. 130.
[xi] ESPARZA ZABALEGI, ¡Abajo las quintas!..., ob. cit., pág. 191.
[xii] ESPARZA ZABALEGI, ¡Abajo las quintas!..., ob. cit., pág. 185.
[xiii] SECO SERRANO, Tríptico Carlista, Ariel, 1973, págs. 9-10.
[xiv] ESPARZA ZABALEGI, ¡Abajo las quintas!..., ob. cit., pág. 240.
[xv] MARTÍ, Casimiro, “Afianzamiento y despliegue del sistema liberal”, en TUÑÖN DE LARA; M.,(Dir.) Revolución burguesa, oligarquía y constitucionalismo (1834-1923), Labor, 1992, pág. 177.
[xvi] GARMENDIA, Vicente. La Segunda Guerra..., ob. cit., pág. 53.
[xvii] TOLEDANO GONZÁLEZ, Ferran, Carlins i catalanisme. La defensa dels furs catalans i de la religió a la darrera carlinada, 1868-1875, Farell, 2002, pág. 32.
[xviii] TOLEDANO GONZÁLEZ, Carlins i catalanisme..., ob. cit., pág. 10.
[xix] TOLEDANO GONZÁLEZ, , Carlins i catalanisme..., ob. cit., pág. 158.
[xx] JOVER ZAMORA, La época de la restauración..., ob. cit., pág. 310.
[xxi] ESPARZA ZABALEGI, ¡Abajo las quintas!..., ob. cit., pág. 279.
[xxii] LÓPEZ ANTÓN, Escritores carlistas..., ob. cit., pág. 131.
[xxiii] Vizconde de la Esperanza, El, La Bandera Carlista en 1871, Imprenta de El Pensamiento Español, Madrid, 1871, pág. 293.
[xxiv] ALBERCA, Manuel, Valle-Inclán..., ob. cit.,, pág. 130.
[xxv] BARREIRO FERNÁNDEZ, José Ramón, El carlismo gallego, Pico Sacro, Santiago de Compostela, 1976, pág. 316.
[xxvi] ESPARZA ZABALEGI, ¡Abajo las quintas!..., ob. cit., pág. 284.
[xxvii] JUARISTI, Jon, Un cadáver en el jardín, El Correo Español-El Pueblo Vasco, 26 de febrero de 1989 .
[xxviii] JUARISTI, El Bucle Melancólico. Historias de Nacionalistas Vascos. Espasa, Madrid, 1999, pág. 328.
[xxix] JAUREGUI, F. y VEGA, B., Crónica del antifranquismo, Argos-Vergara, Barcelona, 1983-85, 3 vols., pág. 258.
[xxx] Según unas declaraciones de José María de Areilza, Actualidad Económica, 735, 15 de abril de 1972. pág. 68.
[xxxi] Entrevista en La Vanguardia, Barcelona, 18 de mayo de 1976.

[xxxii] Esta prohibición de informar sobre el PC la reconoce explícitamente Lalo Azcona en Reporter, 29, 7 de diciembre de 1977.

EL CARLISMU N'ASTURIES NEL SIEGLU XIX

EL CARLISMU N'ASTURIES NEL SIEGLU XIX

¿Qué foi'l Carlismu?

 Al Carlismu puen dáse-y munches interpretaciones. Foi un movimientu qu'abarcó más de cien años. Como consecuencia d'ello, la so realidá resultó plural y rica. El carlismu tien esplicaciones del calter relixosu (católicos enfrentaos a les medíes anticlericales y al desaniciu de les órdenes relixoses decretaes polos gobiernos lliberales); argumentos sociales (nobleza, cleru y campesináu enfrente la "revolución burguesa"); económicos (propietarios o arrendatarios perxudicaos pola desamortización y pola nueva política fiscal); de supervivencia (campesinos afectaos pola privatización de los montes vecinales); sociolóxicos (partidarios de caltener les formes de vida tradicionales enfrente les treformaciones sociales); coyunturales (democratización encontra'l centralismu y el sistema caciquil de la restauración); pero tamién; y esta última esplicación particulariza toles anteriores; argumentos nacionales y políticos. Y por eso formó parte del formientu nel que nacieron los protonacionalismos en Cataluña, País Vascu y Navarra, Aragón o Asturies.

  Inaciu Iglesias. Historia del nacionalismu asturianu. Ámbitu 

 

La base social del Carlismu n'Asturies 

N’Asturies algamó nel sieglu XIX una significación abondo valoratible, teniendo les guerres carlistes, por exemplu, una importancia bastante notable. Parte de la sociedá rural asturiana de la dómina (que yera la mayoría), especialmente de les zones de montaña, los artesanos d’Uviéu, parte de la élite nobiliaria tradicionalista, y, principalmente, la Ilesia Asturiana, tuvieron del llau carlista, faciendo d’elli un movimientu enforma presente na vida sociopolítica.

 Pablo San Martín, Asturianismu políticu (1790-1936), Ediciones Trabe 

 

Les Guerres Carlistes n'Asturies 

El pasu del antiguu réxime a un sistema constitucional nun se fixo n’España hasta mediados del sieglu diecinueve (a partir de 1833). Tres aspectos d’esti cambiu enfrentaron abiertamente a los tradicionalistes colos distintos gobiernos lliberales: l’anticlericalismu (decretos de desaniciu d’órdenes relixoses), la política económica (desamortizaciones y nuevu sistema fiscal) y el centralismu xacobín (simbolizáu na abolición de les instituciones tradicionales d’autogobiernu, como la Xunta Xeneral asturiana).La invasión militar de Napoleón aportó con ella una serie de contradicciones que quedaron por resolver. Precipitó l’abolición del antiguu réxime y supunxo l’aparición en política del nacionalismu español. (...)En terminando la guerra yá nada podía siguir igual (...) les posiciones básiques foron dos: la de los lliberales, o partidarios de copiar n’España’l sistema francés, y la de los conservadores, o partidarios de caltener la situación anterior y nun facer cambios.Enfrente d’estes dos posiciones taba la que podríemos definir como la de los tradicionalistes. Los tradicionalistes, que después pasaríen a llamase carlistes, proponíen afondar nes instituciones democrátiques antigües y na tradición católica y europea p’alcontrar ellí los modelos colos que facer esi cambiu políticu.Pa poder empezar a falar de “carlismu” propiamente dichu, tenemos qu’esperar a la fin del reináu de Fernando VII. A la so muerte, empezó una pelea dinástica pa decidir la so sucesión. Los dos “candidatos” yeren Doña Isabel, fía del Rei, y Don Carlos, hermanu del mesmu. Los tradicionalistes entendieron que con Don Carlos diben poder desarrollar les sos idees polítiques. Los lliberales, d’otru llau, tomaron partíu por Doña Isabel. (...)

 Esta primer guerra carlista, que terminó en derrota, empezó en 1833 y llegó hasta 1840. Pero en 1834, yá dende’l tronu, Isabel II promulgó l’Estatutu Real y instauró, con toles consecuencies, un réxime lliberal. Esi mesmu añu abolióse la Xunta Xeneral asturiana, institución con más de 500 años d’esistencia, que se sustituyó por una diputación provincial d’inspiración, normes de funcionamientu y competencies, claramente centralistes. En febreru d’esi mesmu añu, les autoridaes gubernamentales publicaron una llista colos nomes de los asturianos que teníen que se desterrar poles sos idees. Había profesores d’universidá, estudiantes, clérigos, campesinos, artesanos y pofesionales lliberales. Munchos escaparon del país y otros foron a engrosar les files guerrilleres. Como “guinda” de toes eses midides, a les poques semanes, Asturies desapareció oficialmente como entidá histórica y el so territoriu pasó a denominase, fríamente, como’l de la “Provincia d’Uviéu”.En 1835, la desamortización y el decretu de supresión de conventos fortalecieron a los grupos carlistes. Estos grupos o célules dispersos pel país contaben, amás, con un apoyu cada vuelta mayor de los campesinos que se víen perxudicaos pola nueva política fiscal. Yera d’esperar. Los campesinos quedaron escluyíos de les desamortizaciones, sufrieron l’alza de les rentes impuestes polos nuevos propietarios y foron los más afectaos pola “lleva de quintes” o serviciu militar obligatoriu.Les guerrilles carlistes algamaron les mayores victories nel veranu y na seronda de 1836. Tomaron Uviéu y controlaron, como puntos importantes, Mieres, Sama, La Pola Siero, Xixón y Avilés. De toles maneres, esti control nun foi prollongáu nel tiempu y la guerra terminó en 1840, n’Astuires y n’España, col llamáu “abrazu de Vergara”.

 Depués d’esta derrota l’ideariu carlista esperimentó una tresformación. Apartóse definitivamente de cualquier rescualdu d’alcordanza absolutista y enfotóse cada vez más na descentralización del poder lexislativu.A partir del añu 1868, col empiezu del llamáu “seseniu democráticu”, 1868-1874, incluyendo la 1ª República, el movimientu carlista reverdeció. Los carlistes abandonaron la vía insureccional y, en decantándose por sistema parlamentariu, consiguieron dos coses: un apoyu electoral importante y l’averamientu de bien de sectores católicos.

 Nun manifiestu de 1869, el pretendiente Carlos VII propunxo otorgar una “llei fundamental” que permitiera’l caltenamientu de la tradición relixosa, l’adopción de midides de protección económica a les clases más desfavorecíes (básicamente’l campesináu) y, más qu’otra cosa, la descentralización política cola recuperación de les instituciones tradicionales d’autogobiernu. Exactamente lo contrario de lo que dicía la constitución española de 1869.Nesti periodu del seseniu democráticu los carlistes presentáronse a tres elecciones: 1869, 1871 y 1872. Nes dos primeres, el Partíu Carlista llegó a sacar hasta 79 diputaos, 3 por Asturies. Pero les terceres, les elecciones de abril de 1872, resultaron tan amañaes que n’agostu d’esi añu triunfó la corriente abstencionista y empezaron otra vuelta les actividaes guerrilleres.

 Esta segunda guerra carlista (que se suel conocer como la tercera, polos llevantamientos en Cataluña de 1846 a 1849) duró del 1872 al 1876. Cuatro años. Esta vez l’alzamientu guerrilleru nun foi tan esitosu como’l primeru, anque llegaron a controlar villes tan importantes como Sama, la Felguera, la Pola Llaviana, la Pola Llena, l’Infiestu, Lluarca, Grao o Tinéu. La guerra terminó col esiliu del pretendiente, D. Carlos , en 1876, y la proclamación d’Alfonso XII como Rei d’España. Foi la llamada “restauración borbónica”.

 Inaciu Iglesias. Retratos. Ámbitu 

 

La Restauración

Depués d’esta segunda (o tercer) derrota militar, reavivóse la polémica ente los partidarios de la vía insurreccional y los que queríen integrase na vida parlamentaria. Hubo divisiones y el carlismu perdió fuercia. Munchos llegaron a integrase na Unión Católica de Alejandro Pidal Mon y terminaron desembarcando nel Partíu Conservador.

 Inaciu Iglesias. Retratos. Ámbitu 

 

 

 Depués de la guerra de Carlos VII (1872-1876) el carlismu debatíase ente dos corrientes internes, una la llamada “integrista” o católica, na que militaben bona parte de los nuevos simpatizantes del carlismu, especialmente los llegaos al rodiu de 1868 desde’l catolicismu burgués y desde’l moderantismu lliberal, y otra la “carlista”. La primera ye la que triunfa a partir de 1879, lliderada por Cándido Nocedal, l’estudiosu de Xovellanos. Pero en 1888, depués d’un intentu de cambiu promovíu pol propiu Carlos de Borbón (y nel que participa Guillermo Estrada), la llinia “carlista” llogra echar a la “católica”

Antón García, “Prólogu”, en: Xuan María Acebal, Obra poética, Uviéu, Alvízoras Llibros 

Uviéu yera’l centru alministrativu’l país, con una presencia menor de gran industria que Xixón, pero concentrando un númeru persignificatible de capes medies lliberales, funcionariáu y artesanos (mayoritariamente carlistes). Pero yera, amás, el centru universitariu d’Asturies, que constituyía un peranimáu centru d’alderique políticu nel que la mayoría los profesores repartíense ente republicanos y carlistes. Asina, a entamos los ochenta, cuando Posada entra na Universidá, el claustru taba formáu por: cuatru carlistes (V. Díaz, M. Barrio Mier, J. Fernández y Guillermo Estrada, cabezaleru’l partíu y xenru d’Acebal) y por seis republicanos.

Pablo San Martín, Asturianismu políticu (1790-1936), Ediciones Trabe 

Nesos años hai un debate n’Asturies al rodiu del rexonalismu nel que participen los carlistes y los republicanos. En 1886, por exemplu, la Revista de Asturias reseña un artículu aparecíu enantes n’El Carbayon col t´tulu “El regionalismo y los partidos políticos”, onde analizaben les causes del averamientu ente tradicionalistes y republicanos vista la debilidá de los partíos dinásticos.

Antón García, “Prólogu”, en: Xuan María Acebal, Obra poética, Uviéu, Alvízoras Llibros 

 

Presencia na vida sociopolítica asturiana a finales del sieglu XIX

Tres fechos ilustrativos d’ello pueden ser:

A)    la importante prensa carlista: Tradición, fundáu en 1857, La Unidad, 1869, El Auseva, 1885, La Cruz de la Victoria, 1886, La Victoria de la Cruz, 1888, Las Libertades, 1893 por primer vegada (tendría varies dómines: 1895, 99, 1903, 05, 08), El Pensamiento de Asturias, 1899, El Amigo del pobre, 1908, El Principado, 1909, La Verdad, 1912, Boletín Jaimista, 1922, Tradición Astur, 1934;

B)    los abondos Círculos Carlistes: p. ex., nel caberu terciu’l s. XIX habíalos n’Uviéu (C. Cuadonga), Villaviciosa, Llena, Xixón, Llaviana, Avilés, Castropol, Morcín, Salas, Mieres, Lluarca, Samartín del Rei Aureliu, Proaza, Carreñu, Llanera, Ayer, Colunga, Balmonte Miranda, Cabrales, La Pola Sieru, Candamu, Les Regueres y Llangréu;

C)    los bonos resultaos electorales a tolos niveles (a Cortes, p. ex. ganaron l’acta –en solitariu– en diez ocasiones) cuasi toles vegaes que se presentaren y aceptaren el xuegu electoral. Nel sieglu XX la so presencia electoral centraráse nes municipales.

Pablo San Martín, Asturianismu políticu (1790-1936), Ediciones Trabe 

 

 

Asturianismu cultural

Hai qu’alcordase que’l carlismu ye una ideoloxía que caractericemos comu federalista-foral, que nun se pue entender si nun ye en relación a (...) les llamaes “cuestiones forales” (solo cola cuestión dinástica o relixosa nun habría carlismu). (...) Pero’l fechu más significatible sobre’l carlismu asturianu ye la so fonda relación col movimientu asturianista cultural al través de la Ilesia. El cleru asturianu, tanto rural comu, por exemplu, del Cabildu Catedraliciu Uvieín [131], sedrá carlista; y, dotramiente, esa mesma Ilesia –carlista- sedrá la que desendolque un intensu movimientu lliterariu y cultural alredor de la llingua [132]. Dende les décades finales del sieglu XIX la Ilesia Asturiana, gracies a l’enfotu d’asturianistes comu l’obispu Manuel Fernández de Castro, entamó a usar la llingua asturiana, xenerando una lliteratura relixosa y didáctica, y, postreramente, un teatru. Amás, l’asturianismu lliterariu cuenta con autores comu Xuan María Acebal, nos que la poesía, la relixón y la militancia carlista xúnense nuna concepción fuerista y asturianista de la vida. Elli, xenru del cabezaleru carlista Guillermo Estrada Villaverde, ye exemplu de la xuntanza triple ente la relixón, el carlismu políticu y l’asturianismu cultural, más si tenemos en cuenta que foi elli quien coles sos traducciones s’enfotó en demostrar les posibilidaes del asturianu: la so concepción del Estáu y la política nun yera una militancia carlista xeneralista aplicada a Asturies, yera una actitú vital d’Asturianismu canalizada políticamente nel Carlismu.

[131] Nel caberu cuartu sieglu cuasi tol cleru uvieín yera carlista.

[132] RODRÍGUEZ ALONSO, A., “Ilesia Asturiana y Llingua. Un místicu redescubrimientu, el Padre Galo”, en Vv. Aa., Alcordanza del Padre Galo, Ed. Serviciu de Publicaciones del Principáu d’Asturies, Uviéu, 1993.

Pablo San Martín, Asturianismu políticu (1790-1936), Ediciones Trabe 

Persones mui destacaes dientro del movimientu asturianista simpatizaran abiertamente o militaran nel Partíu Carlista. Xente como Guillermo Estrada Villaverde, xefe del partíu n’Asturies en distintes ocasiones, el poeta Xuan María Acebal, l’obispu y traductor Manuel Fernández de Castro o, n’época más moderna, l’antólogu y escritor Enrique García Rendueles vivieron l’asturianismu dende la opción carlista.

Inaciu Iglesias. Retratos. Ámbitu 

Polo apuntao y lloñe d’agotar la nómina d’autores militantes o simpatizantes, pue vese la importancia cultural del carlismu n’Asturies, tanto pola cálida indiscutible de los creadores qu’abrazaben esa causa (con Xuan María Acebal y Fernández Castro a la cabeza), comu pola so actividá comu traductores o difusores de la lliteratura n’asturiano. Sicasí, el carlismu ye’l movimientu políticu del XIX que menos conocemos no tocante a Asturies. Polo regular tien la mala prensa qu’enriba d’elli echaron los historiadores lliberales, vencedores de los sucesivos enfrentamientos qu’aquellos promovieron nel sieglu XIX.

Antón García, “Prólogu”, en: Xuan María Acebal, Obra poética, Uviéu, Alvízoras Llibros

Primavera 2007

Primavera 2007

7-Mayo

Como todos los años el Partido Carlista celebró su acto de Montejurra en Lizarra (Nafarroa/Navarra). Este año el acto fue convocado bajo el lema "Nos sobran los motivos''. Los oradores de esta ocasión fueron el candidato al Parlamento de Nafarroa, Jesús María Aragón, el Secretario General del Partido Carlista de Navarra, José Angel Pérez Nievas y Evaristo Olcina, Secretario General Federal del PC.

Olcina manifestó que « NO HA HABIDO TRANSICIÓN ALGUNA. TODO SIGUE IGUAL aunque con tratamiento cosmético. “TRANSICIÓN”, según el diccionario, ES “EL CAMBIO O MUDANZA DE UN MODO DE SER O ESTAR A OTRO DISTINTO”, Y AQUÍ SEGUIMOS CON EL MISMO ESPIRITU, LA MISMA IDEOLOGIA E IGUAL FORMA DE ACTUAR QUE BAJO FRANCO, y además con el consentimiento y el beneplácito de todos los partidos, hasta de IU que prefiere mantener esta vergonzosa situación antes que perder las tristes migajas de poder que aún araña. Es una Transición cuyo mayor logro ha sido que los criminales, y no excluyo a nadie, te los puedas ver tranquilamente sentados a tu lado en el autobús o investidos como doctores “honoris causa”; una Transición que nos ha impedido ver en la cárcel a los asesinos de Montejurra  76.

Ahora, en Julio, tenemos otro aniversario, HARA 30 AÑOS QUE FUE LEGALIZADO EL PARTIDO CARLISTA, y ese fue un signo mas de “propiedad” de  la dictadura que seguía tras la muerte de Franco. Sí, de la “propiedad” de todo que practicó la dictadura, porque ¿quien es nadie en una democracia para ilegalizar o “legalizar” a un partido, en nuestro caso el partido mas antiguo de la Europa continental?. Fuimos honrados como los últimos en ser admitidos al club de las cartas marcadas, de los tahures de la “democracia” testamentariamente impuesta por el dictador. SE TARDO EN LEGALIZARNOS, Y ES QUE LA HONESTIDAD EN ESTE PAIS ES SIEMPRE SOSPECHOSA E INDESEABLE PARA QUIEN EN CADA EPOCA TIENE EL PODER. Algo antes, para que pudiera presentarse a las elecciones, legalizaron al Partido Comunista, y es que ¡AQUELLOS FASCISTAS Y FRANQUISTAS  VERGONZANTES DE LA LLAMADA “TRANSICION” ODIABAN MENOS A LOS COMUNISTAS QUE  A  NOSOTROS  LOS CARLISTAS!.

Cuando ocurrió, cuando aquellos partidos fueron legalizados, los de siempre dijeron que ¡ESPAÑA SE HUNDÍA!.  El almirante Pita, ministro de Suarez, dimitíó y nuevamente resonaban los sables con la amenaza bananera del golpe militar. No pasó nada, porque el liberalismo capitalista que tenia el poder sabía que estaba todo controlado, todo “atado y bien atado”, incluidos los obreros mediante sindicatos ya debidamente domesticados, y que si se seguían las directrices yanquis, como en Portugal pocos años antes,  todo discurriría normalmente. ERA MENTIRA QUE ESPAÑA SE HUNDIERA, TODO ERA UNA PATRAÑA MAS PARA CONTROLAR AL PUEBLO.

Ahora dicen: “¡ESPAÑA SE RESQUEBRAJA!, los que quieren coaccionar asustando son los mismos de la Transición,  los mismos de siempre, los que antes, mucho antes, tuvieron a Maroto, a Espartero y a Rodezno comprados y a su servicio, los que hicieron posible que las libertades forales fueran violadas, los que ahora hubieran conquistado a Navarra como en 1512 y anexionado en 1515, y que acaban de pagar autobuses desde todo el Estado para “defender a Navarra”, ¡DEFENDER A NAVARRA!, ¿DE QUIEN?, ¡SI NAVARRA NUNCA HA SIDO CONSULTADA DE ABSOLUTAMENTE NADA!. Esa gente, los que por ahora gobiernan esta tierra, los acólitos del PP, los de UPN que tiemblan ante las nuevas elecciones, dicen que “hay que salvar a los navarros”, o sea QUIEREN SALVAR A LOS NAVARROS DE SU PROPIA VOLUNTAD ¡QUE NUNCA FUE TENIDA EN CUENTA!. ¡Que desvergüenza!. Como decía recientemente Pérez Nievas oponiéndose a la mascarada del pasado 17 de marzo, NAVARRA ESTA SOMETIDA DESDE 1812 “A LO QUE OTROS DECIDAN Y LE IMPONGAN”.  Pero nosotros, el Partido Carlista, seguimos afirmando: ¡SOLO NAVARRA ES DUEÑA DE SU DESTINO, Y SOLO A LOS NAVARROS LES HA DE IMPORTAR Y HAN DE DECIDIR LO QUE QUIEREN SER!, ¡A NADIE MAS!. COMO A CUALQUIER OTRO PUEBLO, YA SEA EL ENTERO PUEBLO VASCO, EL CATALAN, EL GALLEGO.... O EL QUE SEA, Y QUE QUIERA SER LIBRE BAJO EL SOL Y ENTRE LOS DEMAS PUEBLOS..

Son esos mismos que quieren tutelar a Navarra, los que con la mentira de la España en peligro quieren anular el Estatut de Catalunya; unos, los del PP, de forma estupidamente brutal, oponiéndose de frente, y así son mas honrados que el PSOE, cuyo líder, Zapatero, tras prometer respetar lo que el pueblo catalán decidiera, no solo mutiló el texto sino que en buena medida lo castró, dejando cobardemente el remate al Tribunal Constitucional para que lo eche abajo.

Pero no, ¡LO  QUE  HAY QUE  ECHAR  ABAJO,  CONTRA  LO  QUE  EL PUEBLO HA DE LUCHAR Y DEMOCRATICAMENTE DEROGAR  ES  A LA CONSTITUCIÓN  ESPAÑOLA  ACTUAL!.

PORQUE NO SOLO NO NOS SIRVE, SINO QUE ES ANTIDEMOCRÁTICA Y UN INSTRUMENTO AL SERVICIO DE LAS OLIGARQUIAS LIBERALES CAPITALISTAS DE SIEMPRE.

ES ANTIDEMOCRÁTICA, PORQUE FUE ELABORADA BAJO LA AMENAZA DEL EJERCITO FRANQUISTA, Y PORQUE SUS ACTUALES EJECUTORES, LOS DOS PARTIDOS TURNANTES, PP Y PSOE, AL MANTENERLA EN VIGOR Y NEGARSE HASTA DE HACER LA MAS MINIMA REFORMA, OBEDECEN AL MANDATO FRANQUISTA.

ES  ANTIDEMOCRÁTICA  PORQUE NO  PERMITE  LA  MÁXIMA  EXPRESIÓN  DE LA DEMOCRACIA, QUE ES LA AUTODETERMINACION; “¡AUTODETERMINATE!”, gritamos en uno de los lemas de este año, y eso sirve no solo para el ciudadano individual sino también para el ciudadano como perteneciente a un pueblo, a una nación; UNA CONSTITUCION QUE NO PERMITE QUE LOS PUEBLOS ELIJAN SU DESTINO, SEGÚN LIBREMENTE DECIDAN SUS CIUDADADANOS,  NO  ES  DEMOCRATICA. (...)

MIENTRAS QUE EXISTEN PENSIONES DE 300 EUROS -¡50.000 de las antiguas pesetas!- LOS POLITICOS PROFESIONALES SE SUEBN SUELDOS Y SE BLINDAN CESES. El otro día, el  líder de la oposición no se atrevió a responder a una pensionista con esa miserable y vergonzosa pensión cuando esta le preguntó cuanto era lo que ganaba él al mes, ¿y sabéis por qué Rajoy no le respondiò?, pues porque él percibe entre unas cosas y otras 12.000 Euros mensuales, mas posiblemente otros 30.000 por su registro de la propiedad de Santa Pola, en el que hay un suplente; total: unos 42.000 euros al mes, tal vez unos siete millones de las antiguas pesetas. No esta mal. Claro, no se atrevió a contestar a quien percibía 300 euros. ¿VA A SER ESE POLITICO –O CUALQUIER OTRO COMODAMENTE INSTALADO EN ESTE SISTEMA LIBERAL CAPITALISTA- QUIEN VA A PARAR LA EXPLOTACIÓN LABORAL, PERSEGUIR EFICAZMENTE LA CORRUPCION, FRENAR A LOS BANCOS, LUCHAR CONTRA TODOS LOS ABUSOS Y HACER QUE LA JUVENTUD TENGA UN FUTURO?. ¿QUIEN SE CREE ESO?. Pero naturalmente para todos, y no solo para Rajoy,  solo existe lo que les interesa. (..)

QUE TODOS LO TENGAN PRESENTE AL VOTAR:  EL UNICO PARTIDO QUE TIENE LAS IDEAS CLARAS, QUE SIEMPRE HA ACTUADO CON VALENTIA PARA DEFENDER LOS DERECHOS DEL PUEBLO,  DE LOS PUEBLOS, ES EL PARTIDO CARLISTA.  ESE ES EL UNICO VOTO VALIDO. LOS DEMAS SOLO SIRVEN PARA APUNTALAR EL SISTEMA LIBERAL CAPITALISTA Y CENTRALISTA QUE DENUNCIAMOS.».

En el contexto de intervenciones en las que se reiteraron las referencias electorales (pues el Partido Carlista se presenta en Navarra a las elecciones del día 27), José Angel Pérez Nievas mostró su desconfianza en el sistema democrático español, «cuando los órganos del Consejo General del Poder Judicial los nombra el Ejecutivo».

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5-Mayo

Con motivo del Día de les Lletres Asturianes, se desarrolló en Uviéu una manifestación por los derechos lingüísticos de todos/as asturianos/as, a la que siguió una Sesión Extraordinaria de la Academia de la Llingua Asturiana (ALLA), en la cual, Ana Mª Cano, Presidenta de la ALLA, leyó el siguiente discurso: 

XXVIII Día de les Lletres Asturianes
Teatru Campoamor – Uviéu
4 de mayu de 2007

1.
Ilustrísimes autoridaes, ilustrísimos académicos y académiques, asturianos y asturianes, amigos toos:
Al entamar, otra vuelta, el discursu institucional del Día de les Lletres Asturianes, quiero apurrivos, de mano, el mio agradecimientu más fondu a tolos que nun día tan señaláu vos xuntáis a nós, y acudís, como venís faciendo añu tres añu, al llamáu de l’Academia pa participar nesta Xunta estraordinaria y simbólica que ye, sobre too, un actu de reconocencia a la escritura n’asturianu, pero tamién un día de vindicación llingüística; día que mos val, al empar, pa sentir el vuesu aliendu, pa sentir que l’Academia nun vive de llau a la realidá social, sinón que cunta col sofitu de tantos y tantes ciudadanos y ciudadanes d’Asturies. Munches gracies por tar equí y polo qu’ello significa.
Y gracies, tamién y dende llueu, a les autoridaes y a los representantes de les organizaciones de toa mena que güei mos acompañen y qu’amuesen bien a les clares que la llingua ye de tolos asturianos al marxe de les estremaes conceiciones polítiques o ideolóxiques.

2.
Ún de los actos más importantes de la Institución ye, de xuru, el de l’acoyida de los nuevos miembros. L’Academia tuvo siempre claro qu’acoyimientu talu habría corresponder a esta Xunta estraordinaria, la más importante de toles que facemos a lo llargo l’añu; y ello pola sola razón del so calter públicu, porque a ella tais convidaos tolos asturianos y asturianes como una seña más del rispir académicu por rindir cuentes del so facer y espeyar el so venceyamientu a la sociedá onde alita y a la que se debe.
Esti añu la persona escoyida ye Dª. Marta Mori d’Arriba, doctora en Filoloxía Española pela Universidá d’Uviéu, hasta agora miembru correspondiente de la institución onde nesti día s’inxer como miembru de númberu. Marta Mori ye persona de sobra conocida de toos nós. A los sos méritos docentes como Profesora de Filoloxía Asturiana xune un llabor investigador bultable na estaya de la crítica y la historia lliteraria, asina como na de la didáutica de la llingua y la lliteratura asturiana. A la primera d’estes estayes, la de la investigación lliteraria, correspuenden artículos como «El tema de la naturaleza na poesía asturiana (ss. xvii-xix)», «El cuentu asturianu del Surdimientu», «La poesía asturiana nel so rodiu social», «L’exiliu interior: el sentimientu de la tierra na poesía asturiana contemporánea» o’l capítulu de la Historia de la Lliteratura Asturiana de l’Academia sobro «El sieglu xviii». Na segunda, la de la didáutica, inxértense trabayos, roblaos dacuando en xunto con otros autores, como Interculturalidad y diversidad lingüística: estudio de las actitudes lingüísticas en Asturias y sus implicaciones didácticas, «Tratamientu metodolóxicu de la Llingua oral na Enseñanza Secundaria» o’l llibru Xeres y xuegos de llingua oral (pa Educación Secundaria y Bachilleratu) que vien d’espublizar nesti mesmu añu del 2007.
Marta Mori ye, amás de too ello, poeta, reconocida col premiu «Teodoro Cuesta» de poesía nos años 2002 y 2004; autora, amás de numberoses collaboraciones en periódicos, revistes y antoloxíes coleutives, de dos llibros: Pórticu (2003) y El tiempu de la espera (2005). Nún de los poemes del primeru d’ellos Marta úfrenos una visión íntima del nuesu país, enllena de señaldá, tristura y desesperu:

Del país onde yo vivo,
nun fala naide.
Naide s’ocupa
del pasu sele
que marquen sobre él les estaciones,
nin de cómo l’iviernu
aporta de sutrucu
y s’espurre cásique hasta xunu,
húmedu y cruel.
Naide nun toma cuenta d’esto.

[…]

Naide pa cuntar
el crecimientu ansiosu de les sebes,
l’esbarrumbe esmeralda de les fontes,
l’esnalar sele
y ausente
de la muerte
penriba d’unes cases
de les que naide nunca dixo nada,
y apenes queda nada pa dicir.

Y Marta trabaya coles ferramientes que meyor conoz pa qu’esti país sí tenga la so propia voz y un llugar nel futuru. Toi convencida de qu’asina lo siguirá faciendo y de que’l so llabor engabitará la xera académica con procuru y llealtá. Munches gracies, Marta, pol to exemplu y pol to llabor.

3.
Pero si l’acoyida de Marta Mori ye un motivu pal contentu y la gayola, que mos pue facer albidrar una esperanza pal futuru, otros fechos asocedíos nel añu que güei zarramos, somorguiáronmos na más fonda tristura. La nueche máxica de San Xuan del 2006, al riscar l’alba, Ígor Medio y Carlos Redondo, integrantes de Felpeyu y dos persones bien significatives de la música folk asturiana, colaron pa siempres. Aprucen a nós, con fuercia, los sones y lletres de la so actuación nesti mesmu escenariu’l Día de les Lletres Asturianes de 2003. Y siguirán apruciendo y tando presentes cuantos díes de les lletres festexemos. La so muerte ye una gran perda, dende llueu, pa la música, pero tamién pa la cultura y la llingua d’Asturies.
Y como si ello nun abastare, entá tenemos que llamentar la perda va unos meses, tamién nun accidente aciar, d’otra persona bien querida. Toi refiriéndome a Pablo González, un bon trabayador pola llingua, la cultura y l’asturianidá de la fastera más occidental d’Asturies, la d’Entrambasauguas. Que los versos eonaviegos valgan d’alcordanza y reconocencia a toos ellos:
Despós de peneirar as mías palabras
pra estremar as que sanan das que dolen,
as que quedan nel aire sei que poden
ser semente na terra que llabras.

Despós de secudir a pluma al vento
d’esta llingua sin voz peró con eco,
achégase el sou son sin embelleco
a os tous ouguidos pra que señan cento,

pra que señan miles y se volvan faros,
y roden y beilen al chisgar el oyo
teñindo en clarén noites avesías.

El so trabayu frutiará, de xuru, na tierra que llabraron con tantu ciñu.

4.
Como davezu, el númberu de Lletres Asturianes qu’asoleyamos con motivu d’esti día ta dedicáu monográficamente a la creación lliteraria. Los sos testos amuesen el perbón momentu nel que s’afaya la lliteratura de nueso, y ello magar les dificultaes que lleva apareyao’l ser espresión artística d’una llingua minorizada, lo que la fai entá más valoratible. Los escritores han ser conscientes del papel que xueguen na normalización social, na normativización llingüística y na identificación de los falantes cola propia llingua. Darréu d’ello, han enfotase en manexar dueitamente y con gran procuru l’idioma, de mou y manera que’l resultáu seya impecable, llingüísticamente, y de gran altor, dende la perspeutiva lliteraria. Namái asina algamará la condición artística que precisa pa dar prestixu a la llingua encontiando’l so futuru y ser, amás d’ún de los sos meyores validores, l’espeyu u toos mos podamos mirar con arguyu.
Xunto a la lliteratura, cada vegada más enraigonada na sociedá asturiana como nun podría ser otramiente, hai otru elementu perimportante de la cultura, de gran proyeición social y, arriendes d’ello, clave asina mesmo nel procesu de vindicación y dignificación del idioma ástur: la música. La música asturiana vive un momentu rellumante. Y aprovecho la ocasión que m’ufre la celebración d’esta Xunta estraordinaria, p’anunciavos que voi proponer a l’Academia que con motivu del xxix Día de les Lletres Asturianes, el del 2008, la institución faiga una reconocencia espresa y pública a los creadores musicales qu’empleguen como ferramienta de trabayu la llingua asturiana. Ellos amerítenlo, dende llueu, pol valir del so llabor, pero tamién porque la so música ye un elementu dinamizador de primer orde de la llingua na sociedá, en cuantes que mediu de comunicación modernu y atractivu; darréu que contribúi al so espardimientu, a que los asturianos y asturianes mos identifiquemos con ella, deprendamos a sentila y a valorala, como daqué cada vegada más y más dafechamente nueso; y porque, en definitiva, contribúi a que seya vidable la so supervivencia nesta Asturies del sieglu xxi.

5.
Ensin dulda ye esti un momentu afayadizu pal balance añal del trabayu desendolcáu pola Academia. Y prestaríame facelo adulces, pero, por nun cansar, porque se sal de lo qu’ha ser un discursu como ésti, y porque en realidá esi llabor yá foi faciéndose públicu al dir produciéndose –ehí tán los actos entamaos, les estremaes publicaciones de la institución, les anuncies, les ruedes de prensa, etc.–, nun voi referime más qu’a delles cuestiones mui puntuales que me paez puen tener mayor interés.
Nesti sen, y dientro de la xera normativa, hai que destacar los númberos 3 y 4 de la coleición «Cartafueyos Normativos» que s’espublizaron esti añu. El primeru d’ellos, dedicáu a La llingua asturiana na Alministración, ufre toa una riestra de modelos d’impresos y documentos d’estremáu calter col envís de dar un pasu más nel llogru d’una llingua alministrativa y xurídica amañosa; col segundu, apelláu Abreviatures, rotulaciones y propuestes d’espresión y llocución, quiximos afitar los usos llingüísticos asturianos n’espacios públicos, alministrativos y cotidianos arreyaos a estayes comunicatives concretes y poco trabayaes hasta agora como son les rotulaciones n’ámbitos públicos, les propuestes d’abreviatures, sigles y símbolos o propuestes d’espresión y llocución.
Otros númberos tán yá enforma avanzaos. Ente ellos, el dedicáu a la terminoloxía d’Internet en llingua asturiana que s’igua en collaboración col Colexu d’Inxenieros n’Informática del Principáu d’Asturies (COIIPA). Con esti y otros cartafueyos previstos sobre terminoloxía científica dirán anovándose, pasu ente pasu, les estremaes estayes del léxicu asturianu, enanchando les posibilidaes espresives y comunicatives del idioma en tolos rexistros y ámbitos, como correspuende a una llingua moderna y culta.
Nun pueo dexar de facer una referencia, curtia a la fuercia, al asoleyamientu del Informe sobre la fala o gallego-asturianu. Una perspeutiva hestórica, social y llingüística, col que l’Academia quier dexar llantada adréi la so posición no que cinca a la realidá llingüística, histórica y social de los conceyos eonaviegos y, darréu d’ello, a la so asturianidá incuestionable.
N’otru orde de coses, ye bien prestoso comunicavos que ta peravanzada la organización del II Conceyu Internacional de Lliteratura Asturiana, que se fairá nel próximu mes de payares, dientro de les Xornaes d’Estudiu qu’añalmente entama l’Academia. Empobináu por Miguel Ramos Corrada, esti II Conceyu surde col enfotu non solo de facer un repasu al desendolcu de la nuesa lliteratura a lo llargo d’esti sexeniu, sinón tamién d’afondar nel conocimientu de les rellaciones ente la música, el folclor y la creación lliteraria y d’espeyar cómo foi la receición de les obres de los nuesos principales autores nes dómines que van dende’l sieglu xvii hasta estos díes. Pa intervenir nes tres estayes mentaes, cuntamos yá con prestixosos investigadores tanto asturianos como españoles ya internacionales. Les actividaes del Conceyu veránse complementaes con actuaciones musicales y la presentación de la so obra polos autores más mozos del nuesu panorama lliterariu. Yo, dende equí y dende agora, convídovos a toos y toes a que vos enxertéis nél, caún y caúna acordies coles sos propies posibilidaes, pa qu’ente toos llogremos que’l II Conceyu Internacional de Lliteratura Asturiana seya tan granible como lo foi’l primeru, celebráu nel 2001.
Asina mesmo, l’Academia sigue alantre cola organización del Conceyu Internacional del 2008, del que yá diemos anuncia’l Día de les Lletres de 2006, y que baxo’l títulu xeneral de «La llingua asturiana, más de mil años nel país de los ástures»cincará, con una metodoloxía científica anovada ya interdisciplinar, estremaos aspeutos históricos y documentales, inxiriendo dalgunos inéditos, de la llingua asturiana y de la propia Asturies.

6.
Pero’l llabor de la Institución trespasa los finxos del trabayu más académicu. L’Academia ha de cumplir col mandáu estatutariu de curiar los derechos llingüísticos de los asturianos. Y ye equí onde la fienda ye más fonda ente lo que son, per un llau, los derechos llingüísticos individuales y, per otru, la so reconocencia y garantía; ente la normativización y anovamientu llingüísticos y les posibilidaes reales y llegales d’emplegu; ente la normativización llingüística y la normalización social efeutiva; ente’l presente y el futuru que queremos pa la llingua y el presente y futuru que mos ufierta l’Alministración y la so política llingüística; ente lo que diz la llexislación n’usu y la so puesta en práutica; ente lo qu’hai que facer y dicen que faen y lo qu’en realidá tán faciendo.
L’Academia llamenta fondamente tener qu’emplegar una bona parte de les sos fuercies en denunciar, una y otra vuelta, fechos tan doliosos como los que se produxeron nos últimos meses, que toos tenemos tan presentes y que cinquen mesmamente al drechu al usu llingüísticu. Pero equí l’Academia tampoco nun ta sola. Asturies cunta con organizaciones que trabayen nel mesmu sen. Cuido que nun actu como esti nun podemos dexar de reconocer y agradecer esti llabor, reconocencia y gratitú que podemos esplicitar en dos d’elles, que mui bien puen representar al conxuntu de los ciudadanos y ciudadanes d’Asturies. Falo del Conceyu Abiertu pola Oficialidá (CAO) y de la Plataforma Cultural Eo-naviega. Al Conceyu Abiertu pola Oficialidá, qu’inxer cásique 200 organizaciones culturales, polítiques y sindicales, por tol trabayu desendolcáu a favor de la oficialidá de la llingua y pola rempuesta social algamada. A la Plataforma Cultural Eo-naviega, qu’axunta un bon númberu d’asociaciones del occidente ástur, pol so llabor de xuntura cola cultura xeneral d’Asturies y pol so inequívocu asitiamientu asturianu énte los intentos de dalgunos por xebrar la cultura de los conceyos eonaviegos de la del restu de los conceyos asturianos.

7.
Tamos nun mes d’eleiciones autonómiques y municipales. L’Academia de la Llingua Asturiana nun va tomar posición política. Enxamás la tomó y nun va facelo agora; pero sí ye consciente de la so responsabilidá. Y la so responsabilidá ye, nesti sen, curiar los derechos llingüísticos de los asturianos tal como fixen los sos estatutos. Y xustamente pa facer vidable esta responsabilidá y siendo conscientes de que l’asturianu enxamás corrió tantu peligru de desapaición como nesti momentu históricu (como afiten los informes de Llera Ramo o de la UNESCO y confirma la perda de tresmisión interxeneracional, por exemplu), l’Academia pidió xuntase con toles opciones polítiques que se presenten n’Asturies a les eleiciones del 27 de mayu. Y toes elles s’aconceyaron con esta presidencia, entamando poles que nun tán agora presentes na Xunta Xeneral, pero tienen el llexítimu enfotu en participar na vida social y parllamentaria d’Asturies, y siguiendo poles fuerces parllamentaries. No que cinca a éstes, los aconceyamientos fueron al máximu altor. Asina, con Jesús Iglesias, coordinador d’Izquierda Xunida d’Asturies; con Ovidio Sánchez, presidente del PP; y con Javier Fernández, secretariu xeneral de la FSA-PSOE.
Y a toos se-yos dixo lo mesmo: que la próxima llexislatura va a ser decisiva pa les posibilidaes de sobrevivencia de la llingua n’Asturies y que, darréu d’ello, habríen esmolecese por allugar nos sos programes eleutorales la llingua y la cultura d’Asturies cola mayor dignidá; y que fueren conscientes de la so responsabilidá hestórica nesti momentu en que de toes toes se xuega’l futuru de la llingua de los asturianos. Tamién se-yos encamentó que, llueu de les eleiciones y con motivu de la igua del Estatutu d’Autonomía d’Asturies, s’apautaren pa da-y al asturianu l’estatus xurídico-oficial necesariu pa encontar dafechu la normalización efeutiva del idioma, porque la oficialidá ye la única garantía real de sobrevivencia del asturianu. Mirái, ye verdá que pue haber xente que camiente daveres qu’ensin oficialidá la llingua pue caltenese y normalizase, pero ello llamentablemente nun ye posible como vimos y pervimos a lo llargo d’estos años. Y pa decatase, basten y sobren dellos exemplos de los de más recién:

Agora mesmo, nun hai garantíes pa los ciudadanos que quieran empobinase a l’alministración n’asturianu y, lo que ye peor, nun hai nin calces alministrativos nin campañes institucionales pa qu’ello seya posible.
Nun hai garantíes dafechu pal exerciciu del derechu a recibir enseñances n’asturianu nin n’Educación Infantil, nin na Educación Secundaria, nin nel Bachilleratu; nin tampoco nun les hai nos centros privaos nin nos centros concertaos. Non, equí nun hai garantíes.
Nun hai garantíes pal derechu al usu del asturianu dientro del sistema educativu, acordies cola llegalidá vixente. De fechu nun hai nin siquiera exemplos de práutica tala.
Nun hai una mínima presencia digna del asturianu na radio del Principáu, nin na televisión; non, nun hai nin espacios informativos, nin deportivos, nin magacines, nin documentales,... Namái hai amueses de que sí podría habelos si hubiere una verdadera voluntá de proteición a la llingua.... si la hubiere.
Nun se ve la presencia del asturianu na vida pública, nin na institucional, nin na parllamentaria, nin na universitaria.
Y ye que col actual marcu xurídicu puen dase, como muncho, polítiques de dignificación del usu de la llingua, pero non de normalización porque una llingua namái ye normal cuando tien valir xurídicu. Y ye, qu’amás, l’asturianu, ensin normalización, muerre y ello ye una desgracia p’Asturies, porque, ente otres coses, ello supón qu’Asturies dexa de ser Asturies y hasta nós mesmos dexamos de ser asturianos.
¿Ú les soluciones? Dende llueu, les soluciones p’Asturies tienen que ser les mesmes que les d’otres comunidaes: nun ye posible que la llingua del Estáu que cuerre’l máximu peligru de desapaición seya la que tenga la mínima proteición xurídica. Nós tenemos que facer lo mesmo que faen los valencianos (¿va-y mal a Valencia cola so política cultural?) y los navarros (¿nun ye Navarra una comunidá emerxente dende’l puntu de vista económicu?) y los gallegos (¿nun ta saliendo Galicia d’un atrasu secular?) y los catalanes y los vascos y hasta los araneses que tienen la so pequeña llingua, falada por unos pocos miles de ciudadanos (3.814), oficializada dafechu.
Porque la llingua, toles llingües del mundu, nun son namái medios de comunicación (si ello fore asina toos falaríamos inglés) y el so usu nun ye solo un derechu democráticu que la Declaración Universal de Derechos Humanos pon en primer llugar, sinón que ye un instrumentu de xuntura social, d’autoarguyu, de dinamización y de conciencia solidaria. Y Asturies necesita xuntura, autoarguyu y calces de dinamización y solidaridá si quier tener proyeición de futuru.
Nesti procesu hacia la oficialidá l’Academia de la Llingua Asturiana siéntese necesaria y sabrá moderar y axuntar voluntaes. Por eso espardió va yá dos años la «Propuesta d’Alcuerdu Social y Políticu pa la Llingua y la Cultura d’Asturies», de la que se dio anuncia pública nun actu como ésti del añu 2005, y que treslladó llueu a tolos axentes sociales. Pa nós la propuesta sigue siendo valoratible. Inda más, faise agora más necesaria que nunca. Y ello porque plantega les tres entrugues fundamentales pal procesu:
- ¿Qué clas d’oficialidá queremos?
- ¿Qué recursos económicos queremos emplegar pa facela vidable?
- ¿Qué fases queremos poner en práutica nel so desarrollu?
L’Academia, como institución llingüística cimera del Principáu, tien que llevar alantre’l so llabor científicu, ye dicir, tien que normativizar; y tien que llevar alantre’l so llabor tutelar, esto ye, tien qu’esixir, pero tamién y necesariamente tien que ser optimista y treslladar esi optimismu a la sociedá. Sabemos qu’agora mesmo la sociedá asturiana ta madura pa la oficialidá y que la sensibilidá de les estremaes fuerces polítiques ta camudando pa bien de la llingua. Asina se mos dixo nes conversaciones calteníes con elles y asina vos lo tenemos que cuntar.
Nós, dende llueu, aguardamos que na próxima llexislatura la recuperación llingüística n’Asturies y la normalización social de la llingua s’algame dafechu pente medies d’una oficialidá efeutiva y axustada a les nueses necesidaes. Trabayaremos ensin descansu p’algamala. Podéis tener seguranza d’ello.
Y pa poner puntu a esta Xunta estraordinaria, dexáime que tome emprestaos, otra vuelta, los versos de la nueva académica:

Acabóse’l tiempu de la sema.
Lloñe queden Nueva York,
les altes torres del deséu,
les murueques del suañu del Coliséu.
enceses de branu y de povisa,
los desiertos de sal,
los afanes
y los encantamientos.
Pasó’l vértigu,
pasaron les promeses.
Agora ye otru tiempu nuevu:
ye’l tiempu del lleldu y de la espera.
Tiempu pa posar
la mirada nos riegos
escucando los biltos.
Tiempu d’arroxar,
de sentar cabo’l fueu
a ver cocer el pan.
Ye un tiempu pa la escucha y l’escaezu.

Acabóse’l tiempu de la espera.

¡Puxa Asturies!

Ana Mª Cano González
Presidenta de l’Academia de la Llingua Asturiana
 

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1-Mayo

Los sindicatos CSI, CXT, SUATEA y S.F convocaron como en años anteriores, una manifestación en Xixón con motivo del Día del Trabajo. A la movilización accedieron más de 2000 personas. Esté fue un Primero de Mayo antidepresivo, siendo duramente denunciado el clima de represión que viven los movimientos sociales y la ¡zquierda alternativa en Asturias (casos de los sindicalistas de CSI, Canadido y Morala, de los militantes de SUATEA, Suatea Beatriz Quiros y Jesús de la Roza, y de los trabajadores de Caxastur) 

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21-Abril

La ACA -Agrupación de Colectivos Asturianos- organizó una manifestación por las calles de Gijón bajo el lema “Contra la destrucción de Asturias”. Los manifestantes, unos 1500, atravesaron varias calles de Gijón para llegar hasta la zona del Náutico.

Con esta manifestación ACA pretende denunciar la especulación urbanística y la corrupción política que amenazan, según los organizadores, en transformar Asturias de un paraíso natural a basurero industrial. También se aprovechó la manifestación para denunciar problemas de gran impacto ambiental como las líneas de alta tensión, la regasificadora, las nuevas centrales térmicas, las urbanizaciones en la costa y la nueva moda especulativa de los campos de golf.

"EL CARLISMO CONTEMPORANEO EN IMAGENES"

Acaba de aparecer el libro "EL CARLISMO CONTEMPORANEO EN IMAGENES", número 15 de la Biblioteca Popular Carlista, del que es autor nuestro compañero Ramón Garzón Sáez. En esta obra se publica una selección de fotografías -casi todas ellas a color- de tema carlista hechas por él desde 1960 hasta fechas muy recientes. Las actividades del Partido Carlista en Burgos, Arbonne, Montejurra, Villalar de los Comuneros, Pamplona, Tolosa, Bilbao, Estella, Valladolid, Lamindano, etc, aparecen en estas fotos inéditas hasta ahora.

PVP 15 euros, 120 págs.

EL FEDERAL, Nº 29, marzo 2007

EL FEDERAL, Nº 29, marzo 2007

Lo puedes solicitar en jaimista@hotmail.com
PORTADA.
- VOLUNTAD POPULAR, ¿para qué? (titular)

Pág. 2:
- MUSEO, de lo vivo hacia el FUTURO

Pág. 3:
- VOLUNTAD POPULAR, ¿para qué?
- SEGUIR, ¿O EMPEZAR DE NUEVO?

Pág. 4:
- SEGURI... (continuación)
- INCOHERENCIAS DEL PP Y DEL PSOE ANTE LA SITUACIÓN POLITICA ACTUAL

Pág. 5:
- CAPITALISMO Y CAMBIO CLIMATICO
- CAPITALISMO vs. ECOLOGISMO
- LA VIVIENDA ES UN DERECHO, NO UN NEGOCIO

Pág. 6:
- Correo a EL FEDERAL
- yo conocí a ETA

Págs. 7 a 9:
SURTIDO IBERICO,
- ¡NOLI ME TANGERE!, (¡NO ME TOQUES!)
- EJERCITO EXTRAÑO
- ES LA OPOSICIÓN, MIRE PARA OTRO LADO
- DON DE LENGUAS
- ¡SALVAR A NAVARRA!
- JUDICIALIZAR LA JUSTICIA

Págs. 10 a 13:
CRONICAS,
DESDE EUSKAL HERRIA:
- III JORNADAS IDEOLOGICAS DEL PARTIDO CARLISTA
- TOLOSA, DEBATE SOBRE "LOS FUEROS Y LA SITUACIÓN POLITICA ACTUAL"
- PAMPLONA, PRESENTACION DE CANDIDATURAS
- DECLARACIÓN DEL PARTIDO CARLISTA DE EUSKAL HERRIA-EKA, EN NAVARRA
DESDE MADRID:
- CONTRA EL RELANZAMIENTO DE LA CONSTITUCION EUROPEA
DENDE GALIZA:
- ESÍ VAI O PAÍS
- XAN DE MASMA O DA ¡BESTA!
DES DE CATALUNYA
- CATALUNYA VERS EL VELL AUTORITARISME LIBERAL

Pág. 14:
- DICCIONARIO

Pág. 15:
- LOS LIMITES DE LA DEMOCRACIA
- SOMOS TOLERANTES, pero nos tienen hasta los mismisimos...

Pág. 16:
- DEMOKRAZIA (en euskara)-LA DEMOCRACIA, QUEHACER DE TODOS (traducción castellana)

Págs. 17 y 18:
NOSOTROS:
- GUARDIA CIVIL Y CARLISMO
- EL ULTIMO PRESO LIBERADO

Pág. 19:
- DIVINAS PALABRAS
- LA FIEL COPISTERIA ("PAZ SÍ, PERO ¿QUÉ PAZ?")

Pág. 20:
PUBLICACIONES:
- "EL PENSAMIENTO POLITICO DE D. JAVIER DE BORBÓN PARMA (1968-1977)"
- "EL MOVIMIENTO CARLISTA FRENTE AL ESTADO ESPAÑOL"