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PARTÍU CARLISTA: pola defensa de la nuesa tierra

Carta a La Voz de Asturias. 21/06/2006

Carta a La Voz de Asturias. 21/06/2006

Javier Cubero de Vicente 

Respondiendo a la carta de Antonio Capellán de la Riva aparecida en LA VOZ DE ASTURIAS de 3 de mayo, quisiera hacer unos comentarios: En la VOZ DE ASTURIAS de 5 abril no apareció una noticia titulada “Acebal y el Carlismo” sino un articulo de opinión titulado “Acebal y el Carlismu”. 

En este artículo no se mencionaba a ninguna organización política ni se decía que el acto de 1 de abril era un acto carlista, por lo que resulta curioso cuando no sorprendente la alarma que muestra Antonio Capellán de la Riva con que no se vincule ese acto a su organización. Como militante del Partido Carlista quiero manifestar que coincido  en todo con el articulo del profesor Lluís Xabel Álvarez. El 1 de abril el Partido Carlista sí organizó un acto de homenaje a la memoria del poeta Xuan María Acebal en el cementerio de Oviedo. En el Partido Carlista organizamos nuestros actos como lo consideramos oportuno e invitamos a quien queremos.

Sobre la trayectoria del profesor Lluís Xabel Álvarez, me limitaré a recordar que en la Transición publicó algún articulo en la revista “Esfuerzo Común” vinculada al Partido Carlista. Antonio Capellán de la Riva y sus compañeros “tradicionalistas” podrán tener la interpretación historiográfica que quieran del Carlismo y tal vez autodefinirse como “carlistas”, pero que quede muy claro que el Partido Carlista y sus militantes no comparten absolutamente nada de sus singulares planteamientos ideológicos y  políticos. Y lo que en el Partido Carlista no olvidamos son los asesinatos de Montejurra 76 (cuyo 30ª aniversario hemos recordado el 7 de mayo en nuestro acto anual de Montejurra), cuando los militantes de un Partido Carlista con una línea ideológica de “socialismo autogestionario de inspiración cristiana” ( como bien recordaba un articulo de EL PAÍS de 9 de mayo) fueron agredidos y heridos por pistoleros ultraderechistas italianos, argentinos y españoles,  entre los cuales también figuraban personas que se autodefinían como “tradicionalistas” y “carlistas”, al igual que Antonio Capellán de la Riva.

Por último, no es mi intención mantener ningún tipo de polémica ni con este señor ni con otros de su misma ideología. Si quieren hacer propaganda de su peculiar visión ideológica, están en su derecho, pero que se la paguen.

 

25 de Mayu: otra visión

25 de Mayu: otra visión

La Nueva España

Xuan Xosé Sánchez Vicente

25/5/2006
Algunos asturianos sabrán, sin duda, cuál es el significado histórico del 25 de mayo de 1808. En esa ocasión, y como respuesta a las tropelías napoleónicas, se suceden diversos altercados populares en Uviéu, que tienen como colofón el que la Xunta Xeneral del Principáu, el órgano soberano de Asturies, declara por sí y ante sí la guerra a Francia y envía embajadores a Londres para pedir el auxilio de Inglaterra. El recuerdo de aquella fecha aparece hoy en día ligado a los sectores nacionalistas / asturianistas y es relativamente reciente su escasamente popular conmemoración, desde no más atrás de 1978.

¿Pero cuál fue su significado histórico para las generaciones que sucedieron al hecho? ¿Y qué valor daban a su protagonista institucional, la Xunta Xeneral? Un país desvertebrado y eviscerado, como el nuestro, tiene, por lo general, escasa profundidad de campo en su visión de la historia, que se reduce, si acaso, a las décadas más recientes. En ese sentido, el relato mítico de la izquierda establecería un tiempo de tinieblas, tras el cual se abriría la luz del progreso con la industrialización, el proletariado y las organizaciones obreras. Tras la vuelta a las tinieblas, con la dictadura, se trataría ahora de reemprender aquella marcha truncada. El relato mítico de la derecha postula algo semejante (aunque de manera más vergonzante): tras los tiempos de oprobio y caos del rojerío vendría el orden y la paz establecidos por Franco; el imperio del tiempo presente es dar continuidad a aquella paz escasamente entrópica de la dictadura. Fuera de esos dos frentes no habrían existido otras ideas, propuestas o fórmulas políticas

He señalado varias veces ("Asturies, secuestrada" [1999 y 2005]) que ese discurso reductor tiene tanto de empobrecedor y mentiroso como de interesado. Así, por ejemplo, las organizaciones obreras del ámbito de la II y III Internacionales alcanzan en Asturies escasísimo peso hasta la II República. Valga como muestra el dato de que en el ámbito de la izquierda la formación dominante en los períodos de elecciones libres es durante mucho tiempo el Partido Republicano Federal. Por ejemplo, aún en las elecciones a concejales en Xixón del 12 de abril de 1931, del total de ediles escogidos por el Frente Electoral Republicano Socialista, once son federales y tan sólo tres socialistas. El alcalde es Isidro del Río Rodríguez, un federal, lo mismo que lo había sido otro federal, Alejandro Blanco, en 1873, durante la I República.

Esa ocultación y manipulación de la verdad, compendiando toda la historia en un simple enfrentamiento entre la izquierda (de hoy y siempre) y la derecha (de hoy y siempre también) encubre que la realidad social ha sido más rica; las posturas, más diversas y complejas, y hasta contradictorias, a lo largo del tiempo.

Así, en general, a lo largo del XIX y parte del XX, los grandes defensores de la autonomía, de los "fueros" y de la institución sustentadora de los mismos, la Xunta Xeneral, han sido el mundo tradicional y la derecha, mientras que el campo autodenominado progresista y de izquierdas ha venido representando el jacobinismo centralista, la enemiga frente a las autonomías y los particularismos, la negación misma de que la Xunta Xeneral hubiese tenido alguna autonomía considerable. Veamos a continuación algunas manifestaciones del patriotismo fuerista o institucionalista en el ámbito de la derecha y del tradicionalismo.

Cuando en 1809 el Marqués de la Romana disuelve la Xunta Xeneral, Xovellanos y Camposagrado recurren la decisión, calificando a la institución como "constitución de Asturias", "inviolable", "soberana" y poseedora de "fueros" o "derechos". Esa postura soberanista será derrotada en 1834, con la disolución de la Xunta, a la cual no sólo empuja el Gobierno central, sino una serie de asturianos (como Caveda), partidarios de una organización centralista del Estado. Sin embargo, esa visión no muere en la fecha, pervive casi un siglo en una parte de las derechas asturianas: la que articula sus vivencias y pensamiento político en torno al carlismo, muy notable en nuestro país (además de militar en él escritores como Xuan María Acebal, da señal de su importancia el que cuando Adolfo Posada llega en 1883 a la cátedra universitaria, el 25% de los catedráticos son carlistas); los que configuran un movimiento, más tardíamente, bajo la égida de Vázquez de Mella; los conservadores de la Liga Regionalista de De Las Alas Pumariño y La Voz de Asturias o quienes promovieron la Junta Regionalista, ambas en la década que va de 1910 a 1920.

Naturalmente, todos ellos propugnan una identidad específica de Asturies (que a veces califican de "estado", otras de "nación") en lo político, en lo histórico, en lo cultural y lingüístico, en sus fueros, en su derecho foral. La Xunta Xeneral, obviamente, es considerada como el vehículo orgánico de esa peculiaridad política a lo largo de los siglos y la declaración de guerra de 1808 es tenida como la más insigne manifestación de esa capacidad soberana. Quizás merece la pena apuntar que el manifiesto ideológico de la Junta Regionalista (Doctrina asturianista, 1918, uno de cuyos autores, Álvaro Fernández de Miranda Vives y Ponte -de Grau, naturalmente- es autor de un texto reivindicativo-histórico muy importante, La Junta General del Principado. Bosquejo histórico) propone como lema el de "Asturias libre, regida por sí misma"; el establecimiento de un "pacto o convenio" con el Estado en lo económico ("Debe ser el Estado quien pida a Asturias, no la Región al Gobierno de Madrid"); afirma que todos nuestros males nos vienen de más allá de El Payares y que el enemigo de la prosperidad de nuestro país es "El Estado español centralista" y concluye que en "Asturias deben gobernar los asturianos, y no como hoy los centralistas, políticos a la madrileña".

Termino señalando que una de las personalidades más importantes del siglo XIX en los gobiernos de España, Alejandro Pidal y Mon (del que, por cierto, acaba de publicar un magnífico libro Joaquín Fernández, El Zar de Asturias, 2005), militante en el campo neocatólico y de gran influencia en el Vaticano, tenido desde el campo liberal por uno de los "cocos" del conservadurismo, era defensor de la llingua asturiana, partidario del regionalismo (sostenía que para ser buen español antes hay que ser buen gallego o buen asturiano y que el espíritu nacional no es otra cosa que la suma de los espíritus regionales).

Volvamos a nuestro 25 de mayo en sus palabras: "¿Qué hubiera sido de España -proclama- durante la guerra de la Independencia sin el espíritu regional? Si España hubiese sido una nación pulverizada y aglomerada después, es decir, centralizada a la moderna, hubiera sido deshecha mil veces por la mano de hierro de Napoleón?".

¿Creían ustedes que la derecha asturiana había sido siempre centralista y enemiga del asturiano y de nuestras peculiaridades históricas, culturales y políticas? ¿Pensaban ustedes que estuvo siempre en la genética de la izquierda la defensa de las identidades nacionales y su cultura? ¿Son ustedes nacionalistas / asturianistas y piensan que la defensa de la Xunta y la autonomía es únicamente una demanda progresista o de izquierdas?

El 25 de mayo es una buena ocasión para dar una vuelta a estas cuestiones, más allá del tópico aculturador, de la manipulación interesada o del reduccionismo del catecismo simplificador, manifestaciones todas de una misma cosa: nuestra inmensa alienación como pueblo y como individuos de ese pueblo.

ACEBAL Y EL CARLISMU

ACEBAL Y EL CARLISMU

La Voz de Asturias.

* Lluís Xabel Álvarez

(Catedráticu de Filosofía y Estética)

5/4/2006

El sábadu 1 d’Abril xubimos unos cuantos al cementeriu carbayón. Nun yera por siguir la guía de los mui oviedinos, esto ye, “nun vos preocupar que pase lo que pase acabamos en San Esteban”. Esta vegada queríamos facer esi homenaxe al poeta Xuan María Acebal (1815-1895) que tien pinta de dir afitándose d’añu n’añu. A min tocóme lleer un fragmentu del poema “La fonte de Fascura”: ‘Qué suave qu’ella cuerre! / ¡Qué llimpia surte l’agua!’.

Dempués el gaiteru Marcos Fernández Verdeja tocó un aire solemne y l’estudiante Javier Cubero dio un discursu pequeñu y exautu so los raigaños carlistes del poeta. Bon tiempu en cielu azul y les tumbes cercanes del poeta mierense Teodoro Cuesta y de Eduardo Martínez Torner, el gran musicólogu. Hai que saber munches coses nesta vida pero una d’elles ye que’l poeta Acebal quería muncho al xernu, el caderalgu Guillermo Estrada y qu’esti yera  un personaxe del bandu carlista que cuando la guerra d’entós tuvo cargos nel gobiernu del Pretendiente. Son coses antigües pero non tanto si se sigue la llucha dinástica de la familia carlista tal como apaez nel llibru ‘Don Javier, una vida al servicio de la libertad”, con prólogu de Carlos Hugo de Borbón Parma y escritu pola so hermana María Teresa xunto con Joseph Carles Clemente y Joaquín Cubero Sánchez.

¿Acuérdense de Montejurra y del desfaimientu del carlismu democráticu y autonomista na Santa Transición? Yo acuérdome de ñicios sesenteros de la mio adolescencia, cuando'l mio amigu artista J.Serrano dibuxaba pa mín les nobles tiestes tocaes con boina de la panoplia carlista. Yo ablucaba d’aquella, dao que los Serrano son de Medina del Campo – a desmano de la tierra vasconavarra, ¿non? Y si llego a tener un datu que la mitoloxía española oscurez a posta, abluco tovía más: D.Javier de Borbón y Parma anduvo pel campu d’esterminiu de Dachau, en 1945, y non d’invitáu sinon en calidá de deteníu pola organización criminal  SS. ¿Motivu? Nada, minucies: ser próximu y pariente de los austríacos invadíos y executaos por Hitler; o tamién: dicí-y a Franco a la cara qué’l carlismu nun sofitaría, dempués de la Guerra Civil, un gobiernu de corte nazi-fascista contrariu a la reconciliación, la democracia y los fueros territoriales. Queda en tinteru: hai que recuperar pala ciencia histórica lo que la democracia española débe-y daveres al carlismu.

 

Enrique García Rendueles, 50 años de su muerte

Enrique García Rendueles, 50 años de su muerte

La Nueva España

Rodrigo Grossi

20/12/2005  

Muy pocos asturianos recordarán ahora la figura de tantos autores que usaron su llingüa llariega para reflejar en sus composiciones una Asturias en la que la belleza de los campos, el arraigo de las costumbres tradicionales y un cierto sentimiento de nostalgia se une en ocasiones a un suave humanismo lleno de cierta picardía.
Uno de estos poetas asturianos a los que antes nos referíamos fue el gijonés Enrique García Rendueles, sacerdote, profesor de Religión en el Instituto Jovellanos y bibliógrafo, nacido en 1880 en el barrio de Cimadevilla y muerto en 1955, hace ahora, por tanto, 50 años y que bien merece un recuerdo y un homenaje de su villa natal y de toda la Asturias que tiene en él una de las figuras más notables dentro de la tendencia regionalista, precursora y defensora de unos valores que ahora aparecen en, muchos aspectos, reflejados en nuestra autonomía. (...) Ellos supieron ver la rica variedad de los pueblos y regiones de España, pero siempre dentro de una superior unidad en la que todos, siendo distintos, cabemos juntos.
Cursó Enrique García Rendueles los estudios eclesiásticos, Valdediós y Oviedo hasta su ordenación, en el Seminario ovetense donde se ordenó en el año 1903. Estudió la literatura bable y en 1925 dio a la luz en Gijón una obra de extraordinaria importancia para conocer los valores de nuestra literatura regional, obra que llevó por título "Los nuevos bablistas". También es autor de "Jovellanos y las ciencias morales y políticas. Estudio crítico". Sobre el bable escribió artículos en el diario carlista de Oviedo "Las libertades". Nuestro autor, como otros muchos bablistas de la época se inclinaba hacia las ideas regionalistas del carlismo.
En su antología incluye la mayor parte de sus poemas y a autores tan importantes como Caveda y Nava, Juan María Acebal, Teodoro Cuesta, Pepín Quevedo, Pepín de Pría, Fabricio, Marcos del Torniello, etc. Los poetas de su antología aparecen señalados según su pertenencia a las tres variedades esenciales del bable.
García Rendueles es, por otra parte, autor del texto del himno de Covadonga, hecho en 1918 con motivo del duodécimo centenario de la batalla (...)
Fue miembro del IDEA desde 1949. Para su ingreso en el Instituto pronunció un discurso sobre la liturgia popular asturiana.
En su obra hay siempre un intento de difundir el asturiano por todos los campos de la lengua y para conseguir la normalización de la misma.
La Academia de la Llingüa Asturiana publicó en 1987 una edición facsímil de la edición de Xixón de 1925, con un entamu de Álvaro Ruiz de la Peña. El título completo de la obra de Enrique García Rendueles es "Los nuevos bablistas. Las mejores poesías en dialecto asturiano de los poetas del siglo XIX, coleccionadas y anotadas por Don Enrique García Rendueles". Se imprimió la obra en Gijón, en la Imprenta de "La Reconquista", situada en la calle San Bernardo, número 99. La obra está dedicada "A la santa memoria de mi madre y de mi hermano Luis" y en ella se hace un somero estudio del bable y de sus características y variedades esenciales. Al estudiar la etimología de la palabra bable la hace derivar del latín fábula, teoría esta que no parece ser del gusto de otros muchos autores.
En sus poesías canta a la gaita: ¡Hay (sic) gaita melguera, mimosuca gaita!. Cómo del ensame to zumbiu fai gala....
Canta a la luna, a la rueca, a la montera..., tiene villancicos, tiene plegarias a la Virgen, llora con la neña abandonada... y en sus poesías, junto a un magnífico dominio del bable hay siempre profundos sentimientos de ternura hacia aquellos que se mueven en el olvido de la sociedad.
Valgan estas letras como homenaje hacia un autor hoy, cincuenta años después de su muerte, tan olvidado de todos y que bien se merece que Gijón, su patria chica, y Asturias le rindan los honores, sencillos como era él, pero honores que bien se merece. Que su figura y su obra no sean olvidadas.

Una Princesa sofitando la llingua

Una Princesa sofitando la llingua

La Voz de Asturias.

José Luis Piquero

02/11/2005 

Quién lo diba dicir: una princesa española, una Borbón, va tar na manifestación convocada pal prósimu 5 de payares en favor de la llingua asturiana. Entendámonos: nun va tar en persona pero estampó la so firma nel manifiestu del Conceyu Abierto pola Oficialidá (CAO), lo que ye tan valioso o más que figurar físicamente ente la multitú (esperemos que seya una multitú). Ella ye María Teresa de Borbón Parma.

Nun ye la primer vez que traemos a estes páxines la historia del carlismu y la so defensa de les identidaes rexonales. El carlismu nació a primeros del sieglu XIX como un movimientu dinásticu y social. Axuntaba a les capes más populares de la población y a los sectores más reaccionarios de la Ilesia alredor del pretendiente al tronu Carlos María Isidro, hermanu de Fernando VII. A lo llargo de dos guerres civiles, el carlismu intentó consiguir el poder ensin llogralo, llegando a dominar parte del territoriu nacional y estableciendo un mini-estáu propiu dientro d’España, con sé n’Estella, moneda propia y instituciones de gobiernu. Yá nel sieglu XX, el carlismu sofitó al bandu nacional, una ayuda que Franco “agradeció” al final de la contienda fundiendo’l tradicionalismu carlista cola Falanxe. Nos años 60, l’heriede de la lexitimidá carlista, Carlos Hugo de Borbón Parma, empobinó al movimientu hacia la esquierda, consolidando un programa de socialismu autoxestionariu y federalista mui respetuosu pa colos rasgos diferenciales de les comunidaes históriques.

Porque, al pesar de la trayectoria reaccionaria del carlismu na so etapa más floreciente, esti movimientu siempre tuvo una base popular, de defensa de los fueros como signu de llibertá énte’l corruptu centralismu lliberal. Carlos Hugo encauzó esa base hacia posiciones progresistes y neso siguen los carlistes: nel afianzamientu democráticu, nel humanismu, na anti-globalización, nel respetu a la diferencia dientro de la xunidá.

María Teresa de Borbón Parma, conocida como “la Princesa Roja”, hermana de Carlos Hugo, socióloga, profesora y escritora, en consonancia con esi ideariu carlista, va tar el vienres día 5 apoyando al asturianu. Un sofitu que tien un inmensu valir real y simbólicu, masque dalgunos nun quieran velo.

EL MITO DE FAES

EL MITO DE FAES

La Nueva España. Cuencas.

14 de junio de 2005

Un grupo de conservadores compuso en 1934 un poema sobre el carlista más famoso de las Cuencas

En la Asturias de 1934, mientras los mineros querían cambiar el mundo, un grupo de añorantes del antiguo régimen componía en Oviedo uno de los poemas más ripiosos jamás escritos en la región, loando las hazañas de José Faes, un personaje del que prometí escribir hace unas semanas. Como ejemplo, sirvan unos versos: «En la Pasera de Mieres / las mozas están llorando / y hasta el tren que va a la fábrica / silva más triste y más largo, / en el fondo de las minas / las candelas se apagaron / y el Caudal, desde los montes, / trae aguas de amargo llanto...», sin comentarios.

¿Qué quién fue Faes? El carlista más famoso de las Cuencas; allerano, de familia pobre -sus padres labradores y él minero-, un hombre que no quiso conformarse con el papel que le asignó el destino. Al inaugurarse la Escuela de Capataces de Mieres su matrícula estuvo entre las primeras, pero en seguida sobresalió más por lucir su palmito en las romerías que por su aplicación en las aulas y pronto se dio cuenta de que su vida estaba llamada a seguir otros caminos. Así que en 1872, cuando tenía 24 años, se echó al monte y, aunque sus andanzas sólo duraron dos años, tuvo tiempo para convertirse en un mito del tradicionalismo regional.

Seis años de historia
Faes vivió intensamente los seis años de nuestra historia que son hoy seguramente los más odiados por los estudiantes a causa de la densidad de los acontecimientos políticos que se sucedieron vertiginosamente. En septiembre de 1868 una revolución expulsó del país a Isabel II (Borbones en España, jamás, jamás, jamás -dijo entonces el iluso del general Prim); luego, se buscó por toda Europa otra dinastía que trajese aires nuevos al país; por fin llegó un rey italiano, Amadeo de Saboya; después, una República con cuatro presidentes y sus correspondientes gabinetes y, al fin, otra vez de nuevo los Borbones.
Los monárquicos se enfrentaban a los republicanos; los republicanos, que no cesaban de discutir entre federalistas y unitarios, sólo estaban de acuerdo en oponerse a los monárquicos; en Cuba, que aún era española, se mantenía una guerra por la independencia; el movimiento obrero declaraba las primeras huelgas y, encima, el 21 de abril de 1872 volvía a España la guerra civil. Para unos, la segunda del siglo XIX; para otros, la tercera, y para todos, «la carlistada». El motivo volvía a ser la disputa por la Corona que mantenían desde la muerte de Fernando VII las dos ramas de la familia y, en este caso, el pretendiente, nieto de Carlos María Isidro, el primer «rey» de la tradición, se hacía llamar Carlos VII. De nuevo se gritó desde los púlpitos el lema de «Dios, patria, rey» y los más exaltados volvieron a salir con sus trabucos para cazar conejos y liberales, casi siempre en este orden.

Primeros enfrentamientos
Los primeros enfrentamientos tuvieron lugar, como siempre, en el País Vasco y Navarra y, tras ver la primera sangre don Carlos, que había cruzado la frontera por los Pirineos para animar a su Ejército, volvió sobre sus pasos y decidió que era más seguro ver los toros desde la barrera.
Tras unos meses en los que la guerra se mantuvo sólo en la zona del maestrazgo, ante la debilidad del Gobierno republicano que no sabía por dónde empezar a reparar los estropicios, a finales de año se generalizaron los combates en la mitad norte de la Península y por todas partes empezaron a organizarse nuevas partidas. Y en el medio de este maremagno José Faes entraba a tiros en la historia.
Cuentan que Faes era guapo y lo sabía; en unos tiempos en los que costaba encontrar un uniforme para vestir a las tropas, que a veces andaban de madreñas, él lucía un gran capote rojo de sastrería y cuando le apetecía desfilaba montado en un caballo blanco por las calles de Mieres al frente de una sección de lanceros que preparaba para estas ocasiones con lo más granado de sus voluntarios.

Y, además, tenía una voz varonil y un verbo fácil con el que convencía a las gentes sencillas de las bondades que traería el reinado del rey Carlos, a quien los liberales llamaban «el chapas», mote que entonces no tenía la connotación sexual de hoy y, seguramente, se debía a la chapa de metal con la inscripción C. VII (Carlos VII) que sus soldados debían llevar prendida en sus capotes o en sus boinas.

En una ocasión derrotó en el concejo de Lena a una columna de liberales obteniendo numerosos prisioneros y más de doscientos fusiles con los que equipó a su infantería: el primer Batallón de Cazadores de Asturias, formado con mozos de las partidas de Aller, Mieres, Lena y Quirós, que se le fueron sumando. Poco más tarde, en La Romía, deshizo también otro destacamento de guardias civiles y milicianos republicanos a los que también volvió a desarmar.

Su escenario favorito estaba en la entrada sur de Asturias, donde se encargaba a menudo de cortar la carretera de Pajares, que era casi la única comunicación posible con León. El guerrillero se convirtió en una pesadilla para los puestos del Gobierno encargados de la vigilancia de este paso, incendiándolos en varias ocasiones, con lo cual lograba dejar aislada la zona central de la región a veces durante varios días.

Las hazañas de Faes se prodigaron en estos años y se exageraban en la fantasía popular. Además, sus procedimientos también eran novedosos, de forma que se podría decir que introdujo en Asturias el método conocido ahora pomposamente como «secuestro exprés» y que consiste en retener a la víctima unas horas mientras sus parientes buscan el dinero que se solicita para su liberación.
Así lo hizo con varios notables de Llanes -entre otros, el famoso político liberal José Posada Herrera-, después de haber entrado en la villa con sesenta hombres para llevarse de paso tabaco para la tropa, efectos de la Administración de rentas, los mejores caballos de los lugareños y 1.000 duros en efectivo.

Pero como todo el que corre mucho acaba por tropezar, por fin, el 7 de julio de 1874, a la vuelta de una expedición por tierras leonesas, donde había cortado las vías del ferrocarril León-Busdongo, encontró su final en las cercanías de Villarejo frente a un regimiento liberal que tenía su campamento en Ujo.

Rápida batalla
La batalla fue rápida y sangrienta y en aquella ocasión el escapulario que llevaba al cuello con la imagen del Sagrado Corazón y la inscripción «Detente, bala» no pudo cumplir su cometido. Junto a Faes cayeron también sus dos lugartenientes, José María, «El Vizcaíno», y Ramón de Grabelón, y, de paso, cayó también la última posibilidad de resistencia que el carlismo tenía en Asturias.

Le sucedió al mando de los hombres que pudieron salvarse Joaquín González, «Xuacu de la Güeria», aunque nada fue como antes. La velocidad de los tiempos se encargó de convertir a las boinas rojas en anacrónicas y el progreso atropelló la política de sacristía, al menos hasta 1939.
A los pocos meses el ferrocarril de Asturias llegaba ya hasta Pola de Lena y se empezaba a hablar de llevar las vías hasta León, la industrialización seguía su camino imparable y Dios, la patria y el rey se apartaban para dejar camino al socialismo, que empezaba a prender en las Cuencas. El recuerdo del guerrillero se mantuvo adormecido hasta que el empeño de los historiadores del franquismo, necesitados de héroes autóctonos, lo resucitó para engrandecerlo. Ahora, visto con el reposo de los años, debemos colocarlo en su sitio: efectivamente, Faes era valiente, presumido y, además, muy guapo. Sólo eso.

Los Valles Mineros, testigos de la guerra entre carlistas e isabelinos

Los Valles Mineros, testigos de la guerra entre carlistas e isabelinos

La Nueva España

18/04/2005  

Como es sabido, a la muerte del rey Fernando VII en septiembre de 1833, los españoles se dividieron en dos bandos e iniciaron una guerra civil que de una u otra forma iba a prolongarse más de cien años, teniendo su epílogo en el alzamiento militar que puso fin a la II República.

Ideológicamente, los liberales se colocaron al lado de la futura Isabel II, y los conservadores, absolutistas y ultramontanos defendieron la legitimidad de su tío Carlos María Isidro y por ello fueron llamados carlistas. Aunque tenían su mayor fuerza en el muy católico País Vasco- Navarro, contaban también con partidarios que operaban en pequeños grupos guerrilleros repartidos por toda la Península.

Por supuesto las Cuencas no eran una excepción, y así, a los pocos meses de la muerte del rey, ya se habían registrado severos enfrentamientos, como el asalto a la guarnición de Santullano por los restos de la partida que había levantado en Siero Benito Escandón, o la liberación de presos en la cárcel de Pola de Laviana por el cabecilla Baíño, que acabaría muriendo poco después en otro choque con la milicia urbana que operaba en un Mieres que aún no era ayuntamiento independiente.

También en Blimea y Pelúgano se habían producido ataques contra las tropas del Gobierno y por las aldeas se conocían las correrías de Bernardo Sánchez, Argüelles, Castañón y José Villanueva, entre otros. Todos eran seguidores de Dios, la patria y el rey, y todos en el monte como mandaba la tradición.

A los cabecillas lugareños se les unían de vez en cuando otros que llegaban de lejos para seguir azuzando el fuego del levantamiento y que a veces pagaban con su vida la visita a la Asturias liberal. Así, una anotación del libro de defunciones de la parroquia de San Juan en la villa del Caudal recoge en la sepultura el 8 de abril de 1835: «El cadáver de don Facundo Vitoria, que murió el mismo día fusilado en esta villa por caudillo de carlistas. Era de edad de veinte y ocho años poco más o menos. Confesóse por no haber dado lugar a más. Era natural de La Losa, en la provincia de Segovia, y de estado soltero según manifestó».

Se trata de un escurridizo personaje del que no he podido averiguar nada más a pesar de que lo he intentado, antes por los métodos tradicionales (llamadas al cura de La Losa y la bibliografía de la época) y ahora por la moderna internet, por lo que paso el testigo a quienes se interesen ahora por estos temas de nuestra historia local.


Nueva estrategia

En fin, en este ambiente, que se repetía por todo el país, la muerte en Bilbao del mítico Zumalacárregui, invencible caudillo de los carlistas, hizo pensar a sus correligionarios en una nueva estrategia para la guerra: desplazar un ejército hacia aquellas zonas en las que contaban con partidarios para intentar convencer a la población de la bondad de su causa.

De todas las expediciones que se organizaron con este objetivo, la más interesante fue la del general Gómez, en 1836, que constituye una de las gestas militares del siglo XIX menos estudiadas y, sin embargo, más atractivas por su carácter de aventura romántica.

Gómez partió de Amurrio en la madrugada del 26 de junio de 1836 rumbo a Asturias, con el llamado Ejército Real de la Derecha (llamado así no porque coincidiese con su ideología, sino porque existía otro de la Izquierda que avanzaba en dirección contraria), que estaba integrado por menos de tres mil hombres y regresó después de seis meses de marchas y batallas incesantes por toda España, convertido en una leyenda y con más fuerzas que las que tenía en el momento de la salida.

Al día siguiente, tenía en su persecución a los isabelinos de la tercera división del Ejército del Norte, mandada por el general Espartero, que, a pesar de forzar el paso, no pudieron darle alcance antes de que cruzase la cordillera Cantábrica.

Gómez entró en la región por el puerto de Tarna y tras bajar por Campo Caso, Rioseco, Pola de Laviana y Langreo, el 5 de julio ya estaba en Oviedo, donde fue saludado no sabemos de qué manera, ya que mientras los historiadores carlistas recogen que todo el pueblo salió a abrazar a sus libertadores llorando de alegría, los liberales señalan que sólo recibieron el aplauso de la pillería de los mercados y de «todos los curas de las aldeas con sus paraguas».

Lo que conocemos con certeza es que los 1.400 uniformados que mandaba en la capital el coronel Pardiñas la habían abandonado ante la llegada de los carlistas para hacerse fuertes en el puente de Soto, unos kilómetros al Sur, y en espera de los refuerzos de Manso, el capitán general de Castilla la Vieja, que se encontraba acuartelado en Pola de Lena.

Formaban estas tropas isabelinas tres batallones, caballería y voluntarios nacionales a los que el mismo día 6 se les unieron además los regimientos de otros oficiales y una columna de mil hombres mandada por el coronel Losada Mures, que acampó a una legua española de la villa de la flor, distancia que, llevada a metros, quiere decir 5.572 con 7 decímetros.

Los acontecimientos fueron rápidos e inesperados. El 7 de julio, a pesar de que se estaba ya en pleno verano, una espesa niebla cubría toda la franja meridional de Asturias y los carlistas decidieron el ataque antes de que sus enemigos pudieran reforzarse. El marqués de Boveda de Limia, segundo de Gómez, se encontró a los liberales atrincherados en la orilla opuesta, desde donde controlaban el puente y el vado que permitía el paso del río y, encomendándose a Dios pero no al diablo, dirigió sus tropas contra ambos flancos.

En cuestión de minutos el aire se llenó de pólvora y de lamentos y el Nalón se volvió rojo. Cuando los liberales que volvieron a la Pola pudieron hacer recuento se dieron cuenta del importante desastre: les habían hecho 300 bajas y 521 prisioneros, entre ellos siete capitanes y once tenientes, y con ellos todo el armamento abandonado en su precipitada huida.


El otro bando

En el otro bando, 700 fusiles nuevos y munición para diez batallas, contó Gómez en su cuartel provisional de Oviedo. También 85 bajas, pero esto era lo de menos, porque al calor del éxito su ejército había multiplicado aquel mismo día los alistamientos de mozos que le iban a acompañar en su periplo.

Lo que no sabemos es la razón por la que el general Manso no acudió en socorro de las tropas de Pardiñas y decidió permanecer en Pola de Lena. Cuando fue culpado por éste de la derrota, se defendió diciendo que las comunicaciones por Mieres estaban imposibles y que además sus tropas estaban tan cansadas que decidió dejarlas descansar en Lena. El caso es que fue procesado por estos hechos y, a pesar del apoyo que recibió de sus ayudantes de campo, pasó el resto de su vida justificando su falta de actuación en aquella mañana.

En cuanto a Gómez, al día siguiente ya había salido hacia Galicia llevando consigo nada menos que cien carretas de bueyes con el botín recogido en Oviedo, para la desesperación de su perseguidor Espartero, que a las pocas horas entraba en una capital vacía de provisiones y veía alejarse a su presa una vez más.

Sí, ya sé que no puedo escribir sobre carlistas en las Cuencas sin citar al famoso José Faes, pero resulta que no es de esta guerra. Fue abatido en 1874 y su historia merece un relato aparte. Para no cansar en exceso, volveremos a él dentro de unas semanas. Prometido.

Cándido y Morala: LLIBERTÁ

Carta manuscrita que Cándido y Morala unvíen dende la cárcele pa ser lleía na concentración que convoca tolos miércoles en Xixón la Plataforma contra la Represión y poles Llibertaes

 

Un saludo a todos y a todas:

Hoy se cumplen se cumplen 19 días de nuestro ingreso en prisión, el sábado 16 de junio.

Como todos recordaréis fuimos "secuestrados" por la policía en presencia de nuestras familias al viejo estilo de la dictadura franquista (todavía hay policías de la época franquista en las comisarías).

Todos sabían, menos nosotros, que nos iban a meter en prisión, lo sabía la alcaldesa y lo sabía IU. El Delegado del Gobierno telefoneó al PSOE y a IU en el momento de nuestra detención. Esperaron a que los concejales tomaran posesión de sus cargos y se constituyera la corporación municipal del ayuntamiento y a que acabara la concentración para detenernos lejos de la plaza del ayuntamiento donde la Plataforma se había concentrado en señal de protesta por la sentencia. Con lo cual queda claro que el ingreso en prisión se produjo cuando les interesó y les convino a los políticos que nos gobiernan.

Es bueno recordar, cómo no, que están celebrando 30 años de democracia en un Ayuntamiento gobernado por el PSOE e IU y con un Delegado del Gobierno del PSOE. Nosotros nos preguntamos ¿Qué democracia tenemos? ¿Dónde están esos progresistas que no dicen nada?. Todos recordaréis que el concejal Montes Estrada de IU declaraba en los medios de comunicación que no engañáramos a la opinión pública porque nosotros (Cándido y Morala) no íbamos a pagar nada y que no nos iba a pasar nada. Pero, ahora, los dos estamos en la cárcel y nos reclaman 2.160 euros de multa a cada uno o a cumplir 6 meses más de prisión en caso de impago. También nos emplaza el juez a que indemnicemos al Ayuntamiento de Gijón con 5.624,83 euros por que este Ayuntamiento nunca renunció a la indemnización y tampoco lo quiere hacer ahora.

Nosotros no vamos a pagar nada a nadie y ahora todos los gijoneses y todos los asturianos tienen claro cual ha sido y está siendo el papel del Ayuntamiento de Gijón en la acusación, en nuestra condena y en el encarcelamiento.

Queremos seguir manifestando que somos INOCENTES y si el juez LINO RUBIO MAYO condena a otros trabajadores y ciudadanos, como nos condenó a nosotros, habrá muchos más inocentes en la cárcel.

Nuestro encarcelamiento y condena es para cerrar Naval Gijón y especular con los terrenos. Detrás de nuestro encarcelamiento están también los poderes fácticos del ladrillo y sabremos quiénes son cuando hagan los pisos de lujo en mitad del astillero de Naval Gijón.

Estamos en el módulo 2 de la cárcel de Villabona, en la unidad terapéutica 1. Los demás presos nos tratan bien, estamos integrados y compartimos todos los problemas de cada preso y de la cárcel.

Nuestras familias estuvieron dentro de la cárcel con nosotros y comprobaron que estamos bien y muy animados y también agradecidos por las muestras de solidaridad.

Nuestro ingreso en prisión, las movilizaciones y los actos de protesta que estáis llevando a cabo tienen que servir para evitar que a otros trabajadores y ciudadanos se les juzgue con leyes represoras, para que no criminalicen las luchas y para que no puedan meter a nadie más en la cárcel.

Desde la cárcel de Villabona un saludo muy cariñoso y nuestro mayor agradecimiento a la Plataforma contra la Represión y por las Libertades y a todos en general por las muestras de solidaridad.

Resistir es vencer. Puxa Asturies.

Cárcel de Villabona, 2 de julio 2007