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PARTÍU CARLISTA: pola defensa de la nuesa tierra

XUAN MARÍA ACEBAL, ALCORDANZA

XUAN MARÍA ACEBAL, ALCORDANZA

La Nueva España, 10 de marzo de 2005

Rodrigo Grossi   

El siglo XIX marcará por toda España el resurgir de las lenguas vernáculas como reflejo de unas ideas románticas que, frente al poder unificador del neoclasicismo y el sometimiento a las leyes en el siglo XVIII, exaltaban lo individual y característico de cada pueblo y la libertad en todos los campos de la vida y de la cultura.

Asturias no podía permanecer al margen de las nuevas ideas y verá surgir una generación de autores que cultivarán de forma absoluta una literatura escrita en sus lengua vernácula: el asturiano. Xuan María Acebal y Teodoro Cuesta fueron los principales poetas de esta época, seguirán los pasos de Xosé Caveda y Nava. La muerte les llegó con muy poca diferencia de días: Teodoro Cuesta murió el 1 de febrero de 1895 y Acebal el 17 de febrero de aquel mismo año. Acebal había nacido el 8 de marzo de 1815, se cumplen por tanto, en este 2005, ciento noventa años de su nacimiento y ciento diez de su muerte.

Bien merece que dediquemos un recuerdo a este hombre que tuvo que soportar la amargura del exilio en Francia debido a sus ideas carlistas, motivadas por la lucha sucesoria que se produce a la muerte de Fernando VII entre los partidarios de la reina niña Isabel II, hija del rey fallecido, y los de su hermano Carlos (el Carlos V de los carlistas), que se considera heredero del trono en virtud de la ley Sálica. No serán las guerras carlistas (tres a lo largo del siglo) únicamente cuestión de personas en el trono, sino lucha de ideas entre liberales y tradicionalistas, defensores estos últimos no sólo de valores religiosos sino también de derechos de los habitantes del campo que con la desamortización se vieron en manos de los poderosos capitalistas de la ciudad.

Acebal, que nació en Oviedo, vio frustrada su vocación religiosa a causa de la accidentada vida política de sus días, en la cual las órdenes sacerdotales tuvieron que sufrir los avatares de la actuación gubernamental llevada por ideas falsamente liberales. Tuvo en Oviedo una decidida vida empresarial en muy distintos campos industriales a la vez que colaboraba en los periódicos y revistas del momento. Su obra más importante es «Cantar y más cantar: impresiones de Asturias», publicada después de su muerte, el año de 1911. Fue conocido con el nombre de «Príncipe de los poetas bables». Al triunfar la Gloriosa de 1868 tuvo, como indicamos, que ir al exilio a Francia, donde permaneció varios años.

La Academia de la Llingua Asturiana publicó, dirigida por Miguel Ramos Corrada, la trascripción de un manuscrito que lleva por título «La vida del aldeano», que nos parece interesante porque es el reflejo de las ideas políticas del autor, defensor del hombre del campo como dijimos más arriba.

«La vida del aldeanu» es un antídoto contra la exaltación de la vida rural como lugar de reposo, de tranquilidad y belleza, de paz del espíritu, idea tan típica de nuestra poesía bucólica y muestra de ella es aquel libro que lleva, ya en el siglo XVI, un título tan significativo como «Menosprecio de la corte y alabanza de la aldea», obra de fray Antonio de Guevara, asturiano de las Asturias de Santillana, o incluso, por no citar más, «La aldea perdida», de Armando Palacio Valdés, otro ilustre asturiano mucho más cercano a nuestro tiempo.

Ejemplo bien claro de esta posición de Acebal ante la vida del aldeano es el comienzo de la obra, sus primeros versos:

«Maña muy vieya ye querer pintamos

comu vida feliz la de la aldea.»

y después de contarnos los tópicos de «les fontes gargolando miel», «los paxarinos cantando sus amores» nos asegura que el agua en invierno produce argayos y en verano -cuando hace falta- no brota; los pajarinos sí cantan, pero acaban con la cosecha, mientras las aves de presa y osos, raposos y lobos hacen de las suyas. Por cierto, el problema de los lobos no se ha solucionado todavía y los habitantes del campo astur siguen sufriendo sus actuaciones.

Y entre tanto el aldeano trabaja, sufre, malvende su escasa cosecha y es víctima del prestamista:

«Dani en perres cien rales y en recibu

pon doscientes el perru quei los presta.»

Está bien clara la postura de Acebal, reflejo de sus ideas políticas. Será el hombre bueno que busca el bien para el necesitado y que ahora al cumplirse el 8 de marzo el aniversario de su nacimiento, tiene bien merecidas estas humildes líneas.

Tengo que señalar que Acebal no tiene en Oviedo, su ciudad natal, una calle que lleve su nombre. Sugiero a nuestro Ayuntamiento que ponga fin a este olvido y que el callejero ovetense nos recuerde una figura importantísima de las letras asturianas.

Acebal, que foi un home bon y un bon lliteratu, merez güey, nesti aniversariu, una alcordanza.

 

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