Blogia

PARTÍU CARLISTA: pola defensa de la nuesa tierra

CARLOS MARIGHELLA, EL DEBER DEL REVOLUCIONARIU

CARLOS MARIGHELLA, EL DEBER DEL REVOLUCIONARIU

Inclúi torna'l asturianu del Manualín del guerrilleru urbanu y Carta a los revolucionarios europeos de Carlos Marighella.
Autor: Tino Picos Maestros.
Llingua: Asturianu.
Ref: Glayiu-01.
Preciu: 5 Euros.


Nº Páxines: 108.
Portada: Color, plastificado mate, con solapas.
Ilustraciones: Si.
Llicencia: Copyleft (Creative commons 2.0 by-nc-sa)


Na efervescencia política de los años 60, nel cumal del enfrentamientu ente los bloques socialista y capitalista nun hubo requexu na periferia del mundu que fuera ayenu a la violencia d'esti conflictu. Lluches de descolonización, pola lliberación nacional, pol socialismu o por valtiar la sociedá del espectáculu xorrecíen no que paecía la esplosión de milenta vietnams. En Brasil, un país somorguiau a una dictadura militar sangrina dende l'añu 64, el movimientu revolucionariu tuvo que pasar a la clandestinidá pa poder sobrevivir. Los movimientos de mases de comienzos de la década tuvieron qu'escoyer ente desapaecer o facer el so trabayu dende la solombra. Carlos Marighella, el que fuera un brillante diputáu comunista mentantu hubo democracia en Brasil, foi ún de los qu'apostó por combatir la violencia de la dictadura con más violencia, hasta les últimes consecuencies. En mediu del marabayu de la vida clandestina alcontró tiempu pa dexar escrites les sos idees fundamentales sobre la llucha antiimperialista y el camín de Brasil hacia la revolución. Carlos Marighella. El deber del revolucionariu ye'l primer estudiu monográficu n'asturianu que s'avera a la vida y pensamientu d'esti políticu brasileñu y teóricu de la guerrilla. Inclúi la so obra más conocida, el Manualín del guerrilleru urbanu, llibru señeru pa tolos grupos revolucionarios de los años 70, que desplica de manera mui cenciella los razonamientos d'aquéllos qu'escueyen la violencia como forma de llucha política y les normes básiques de funcionamientu d'una organización armada clandestina.

L'espardimientu tremendu qu'esti llibrín tuvo nel so momentu faen d'él una obra fundamental pa la conocencia de la década na que'l movimientu revolucionariu mundial más cerca tuvo de camudar el nuestru presente.

Manifiesto por la Soberanía de los Pueblos.

El Partido Carlista de Asturias – Partíu Carlista d’Asturies después de celebrar el pasado 25 de mayo, el día de las libertades forales asturianas, quiere expresar públicamente su postura ante el proceso de Reforma de los Estatutos de Autonomía de Asturias y otras Comunidades que se abrirá próximamente.

 

Ante la Reforma del Estatuto de Autonomía, el Partido Carlista se muestra desconfiado y escéptico, pues el proceso va a estar mediatizado por unos partidos que tienen entre sus señas de identidad el nacionalismo español, y por tanto, la reforma hay que entenderla dentro de la campaña de demagogia seudoasturianista que estos partidos han desarrollado últimamente. La Reforma no va a solucionar los problemas sociales del pueblo asturiano: el paro, la vivienda, la inmigración,…  y se limitará exclusivamente (aunque en el debate aparezca la cuestión de la oficialidad de la lengua asturiana) a que la Administración Asturiana gestione unas pocas competencias más, mientras que la autonomía sigue concibiéndose como una cesión de poder desde Madrid y no como un derecho natural que emana directamente del pueblo asturiano. Por tanto la Reforma acabará muy posiblemente en un nuevo engaño para el pueblo de Asturias.

 

Esta Reforma además esta viciada por su origen, no ha sido el fruto de una movilización regionalista dentro de la sociedad asturiana, sino que es algo traído de fuera, desde Madrid, y que hay que analizar dentro del marco de una nueva operación de maquillaje del llamado “Estado de las Autonomías”. El “Estado de las Autonomías” después de 25 años ha resultado un fracaso al ser incapaz de solucionar la cuestión de las nacionalidades, acabando convertido en un campo de batalla entre Madrid y los nacionalismos periféricos, y si ahora se va a proceder a un aumento de la autonomía de algunas comunidades, es simplemente porque el nuevo Gobierno Central necesita del apoyo de estos nacionalismos. El “Estado de las Autonomías” ha fracasado porque no ha sido otra cosa que un Estado centralista que ante la presión regionalista concedió a las regiones/nacionalidades capacidad para gestionar unas competencias elegidas por él, negándose a que los Pueblos sean soberanos y libres para decidir su futuro y en que condiciones desean convivir en el marco de una España renovada, plural y federal; que es el deseo frustrado que hay detrás de los nacionalismos periféricos, los cuales han acabando identificando hispanismo con el nacionalismo español/centralismo madrileño. Es necesaria una redefinición del concepto de España y de la estructura política del Estado, que rompa definitivamente con el centralismo madrileño de los últimos tres siglos.

 

Ante un panorama abocado a la crispación y a la confrontación entre nacionalistas centralistas y periféricos, el Partido Carlista ofrece su proyecto federalista, arraigado en la tradición foral de los diferentes Pueblos de España, como solución y camino para crear unas bases que de una vez por todas concilien la “unidad del estado español” con los deseos de libertad y soberanía de gran parte de la sociedad de muchas comunidades.

 

Creemos que sin el reconocimiento de la soberanía de los Pueblos toda autonomía es ficticia, por estar concedida, limitada y controlada desde Madrid. Creemos que deben ser los Pueblos quienes decidan y pacten cuales son las competencias que tendrán las Administraciones Regionales y cuales ceden al Poder Central, y no al revés como sucede actualmente. Si no cambiamos, si seguimos manteniendo una situación injusta y desigual, en la que la Autonomía se concibe como una serie de privilegios que las comunidades tienen que ir arrebatando poco a poco al Estado, si no construimos desde ahora una nueva España federal que sea una “comunidad de comunidades”, cada día la “unidad del estado” de la que tanto hablan los políticos centralistas será más frágil y más odiosa en gran parte de la sociedad de las comunidades más diferenciadas.

 

29-Mayo-2004

Secretaria de Medios de Comunicación del Partido Carlista de Asturias – Partíu Carlista d’Asturies

Tradición y Municipalismo.

Por una democracia participativa y autogestionaria

El municipalismo se construye como política orgánica, esto es, una política que emerge de la base de la asociación superior humana, yendo hacia la creación de un cuerpo político auténtico y de formas de participación ciudadanas; posiblemente sea éste el último reducto de un socialismo orientado hacia instituciones populares descentralizadas.

Un elemento importante dentro de la aproximación al municipalismo libertario es la posibilidad de evocar tradiciones vivas para legitimar nuestras peticiones, tradiciones que, aunque son fragmentarias e irregulares, aún ofrecen potencialidad para una política de participación con una respuesta de dimensiones globales al Estado.

La Comuna está enterrada todavía en los Consejos de la ciudad (plenos de ayuntamiento);las secciones están escondidas en los barrios; y la asamblea de ciudad está en los ayuntamientos; encontramos formas confederales de asociación municipal escondidas en los vínculos regionales de pueblos y ciudades.

Recuperar un pasado que puede vivir y funcionar con fines libertarlos, no es, ni mucho menos, estar cautivo de la tradición; sino que se trata de hilar conjuntamente los objetivos humanos únicos de asociación que permanecen como cualidades inherentes al espíritu humano, -la necesidad de la comunidad como tal- y que han surgido repetidas veces en el pasado.

Permanece en el presente como esperanzas que acaban de nacer, pero que la gente tiene consigo en todas épocas, saliendo a la superficie en los momentos de acción y libertad.

Murray Bookchin. 

Porto Alegre (Brasil): La experiencia del Presupuesto Participativo: Un modelo de administración popular

Imagínese que usted tuviera capacidad para decidir el presupuesto de su ciudad. Decidir cuanto se gasta y donde, cuales son las prioridades, las obras y programas necesarios. Imagínese que no sólo pudiera decidirlo, sino que tuviera instrumentos para controlarlo.

Seguro que ya le han surgido multitud de ideas, pero seguro que también piensa que no pasa de ser una bonita utopía.

Pues se equivoca. En Porto Alegre, una de las principales ciudades de Brasil, gobernada desde hace tres legislaturas por el Partido de los Trabajadores, se viene realizando desde que se implantó el Presupuesto Participativo hace doce años.

Y los resultados son espectaculares. El mero hecho de que la mayoría decida sobre lo que antes era patrimonio de unos pocos ha provocado un vuelco espectacular en la ciudad.

El proceso

El 60% de la población conoce el presupuesto, y más de cien mil personas participan directamente en su elaboración a través de asambleas

La elaboración del presupuesto anual es un auténtico ejemplo de movilización popular que, durante los doce meses del año, recorre todos los barrios de Porto Alegre.

Cuatro son los principios básicos: transparencia, participación, control y, sobre todo, capacidad de decisión en manos del pueblo.

Para facilitar la democratización del proceso se han establecido 16 áreas geográficas, organizadas en asambleas de base y 5 unidades temáticas, donde se discuten aspectos comunes a toda la ciudad con la participación de organizaciones sociales.

El acto inaugural consiste en una asamblea abierta (anunciada desde la prensa, radio, televisión, buzoneando...) donde se presenta el balance del presupuesto anterior (especificando dónde ha ido a parar hasta la última moneda, respondiendo de que compromisos habían y que porcentaje de consecuencia). La asamblea critica y aprueba el balance, pudiendo tomar medidas (investigaciones, multas, destituciones) si existe algún desajuste, estableciéndose la primera base de transparencia y control.

Las asambleas de las áreas y unidades temáticas establecen las prioridades para cada barrio y sector, y eligen, por sufragio directo, a los delegados para el Foro de Delegados y el Consejo Municipal.

Se pasa a una etapa de trabajo donde, por comisiones abiertas, cada área elabora una propuesta de las obras y programas que considera necesarios.

El Consejo recoge las propuestas, revisa su viabilidad atendiendo a los recursos disponibles y elabora una propuesta de prioridades que se entrega al Foro de delegados. Éste vuelve a trasladarlo a las asambleas de base para que establezcan críticas y enmiendas, velando por el cumplimiento de las órdenes recibidas. El borrador retorna al Foro para su aprobación.

Una vez aprobado el marco general del presupuesto se pasa a elaborar un Plan de inversiones, que contempla las siguientes reglas: las prioridades que ha establecido cada área, la población (las más pobladas reciben más), y la carencia de servicios (las menos desarrolladas disfrutan de mayor aportación).

El Plan de inversiones sigue el mismo camino, es discutido en asambleas y aprobado por el Foro y el Consejo.

Cada año se realiza el mismo proceso, cada año la población se pronuncia y el gobierno municipal rinde cuentas.

Por la base, las asambleas locales no sólo tienen capacidad para decidir las prioridades y las obras concretas (dónde va el dinero), sino que controlan y aprueban cada uno de los pasos, pueden decidir como se recaudan los impuestos municipales (quien paga más y quien menos), los comités fiscalizan todas las obras...

El Foro de delegados se convierte en un verdadero parlamento popular donde las diferentes áreas entran en común, unifican los criterios, deciden qué barrios necesitan una mayor atención, elabora los proyectos comunes a toda la ciudad.

Por último el Consejo, con participación de asesores, elabora la resolución técnica de los presupuestos.

Cada estrato superior se somete al control y la voluntad del inferior y, aunque el mandato es por un año, la decisión popular puede revocar a cada uno de los representantes.

Las autoridades municipales tienen representantes en el Consejo, pero éstos carecen de derecho a voto, simplemente asesoran a los representantes populares, dotándoles de todos los medios para que sus demandas puedan traducirse en hechos.

Pero la perspectiva del trabajo no se reduce únicamente al mandato anual. Se han celebrado ya dos asambleas masivas, llamadas“Ciudad constituyente”, donde se han trazado las líneas de un desarrollo a largo plazo, que deberá ser ejecutado por una Comisión integrada por delegados elegidos democráticamente.

Los resultados

El mero hecho de ampiar la capacidad de decisión ha provocado un espectacular avance

Porto Alegre, ciudad de 1.290.000 habitantes y centro de un área metropolitana de tres millones, era, hasta hace bien poco, un prototipo de ciudad del Tercer Mundo. A pesar de situarse en el riquísimo estado de Rio Grande do Soul, la tercera parte de la población se hacinaba en periferias llenas de chabolas, sin agua corriente, alcantarillado... La concentración de la riqueza escupía la pobreza extrema de la mayor parte de la población frente a la abundancia de la ínfima oligarquía local.

En los último doce años, la situación ha dado un giro espectacular. El agua potable y el alcantarillado llega hasta el 98% de las familias; 30 kilómetros de los suburbios se ha asfaltado; las inversiones en educación se han duplicado; se han construido hospitales, viviendas a bajo precio, parques, etc. Fruto de todos estos avances, la esperanza de vida se ha situado en 70 años, avanzando siete puntos en apenas diez años; las zonas más depauperadas, excluidas económica, social y políticamente, se han integrado a la marcha general de la ciudad.

Hoy, Porto Alegre es reconocida por la ONU como una de las 42 ciudades más habitables del mundo.

¿Qué ha provocado este cambio radical? Los recursos disponibles son prácticamente los mismos, no se han elevado los impuestos, ni se ha practicado ninguna política de ajuste.

Simplemente, gracias a la puesta en marcha del presupuesto participativo, el 60% de la población conoce el contenido del presupuesto y hasta cien mil personas participan, desde las asambleas, en su elaboración de principio a fin.

El mismo dinero, controlado por las fuerzas más dependientes de la oligarquía local y gestionado en función del interés de unos pocos, apenas daba para una mezquina beneficencia.

Se ha demostrado que no sólo es posible, sino que podemos hacerlo mejor. La sabiduría popular para gestionar el dinero de acuerdo a las necesidades de la gente, dirigiendo la solidaridad de unos barrios hacia otros, eliminando la corrupción.

Los habitantes de Porto Alegre han conseguido lo que ilustres funcionarios del FMI o el BM habían decidido que era imposible.

Si se ha comprobado la“productividad y eficacia” de esta iniciativa, ¿por qué no se aplica masivamente? 70 ciudades brasileñas ya se han sumado, Montevideo se lo está planteando seriamente. ¿Que opinan los flamantes alcaldes de algunas grandes capitales del primer mundo? Tendrán que explicar en base a que intereses se oponen.

No es el mercado... es el poder

Una de las valoraciones más extendidas sobre la globalización es que la política está asistiendo a su entierro mundial, amortajada por el poder de las grandes transnacionales.

Porto Alegre sirve, a pequeña escala, para romper esta ilusión. No hay que culpar al mercado de lo que es obra de los hombres.

Los éxitos de la ciudad brasileña evidencian que la catastrófica situación de muchas ciudades del Tercer Mundo sólo corresponde a los negros intereses de los círculos de poder, y que el único camino de desarrollo posible pasa por conquistar la capacidad de decisión real. No es un problema de las leyes del mercado, sino de poder, de quien decide sobre el dinero que generamos entre todos. Si el ámbito se reduce a unas pocas manos, la situación es de escasez. Si las decisiones están en manos de millones, la abundancia florece.

Y, en la medida en que crece la organización y capacidad de decisión popular, aumenta la conciencia y la radicalidad. El alcalde de Porto Alegre plantea como“la gente se ha dado cuenta de que algunas cosas no dependen sólo de lo que aquí ocurre, sino que están relacionadas con la estrucura social y económica de todo el país. Ahora quieren más y están empezando a plantearse cosas más profundas”.

Reflexiones democráticas

En la historia de la democracia moderna existe un documento clave. Se trata de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano formulada por la Revolución Francesa. En su Preámbulo podemos leer: “...la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos del hombre son la única causa de la infelicidad pública y de la corrupción del gobierno”. Conviene recordar estos textos básicos porque en parte conservan toda su vigencia y nos pueden dar lecciones para nuestro presente.

Desgraciadamente andamos más bien escasos de cultura democrática. Han pasado varios años desde el cambio de régimen y creo que para, la mayoría, su obligación cívica se reduce, en el mejor de los casos, a depositar su voto en la urna cada vez que hay elecciones. Además, ¿estamos seguros de que el voto que depositamos es fruto de una decisión nuestra bien pensada y no mediatizados por una sugestión publicitaria bien a favor de un partido o candidato o en contra de otro?.

Democracia no es sólo votar, es además participar. Y no podemos creernos, aunque así lo establezca la democracia a medias que disfrutamos (si la comparamos con la dictadura anterior) o padecemos (si lo hacemos con una auténtica) que los únicos cauces de participación hayan de ser los partidos políticos. ¿Qué ocurre cuando el grado de democracia interna de los propios partidos es tan pequeño y, en varios casos inexistente?. Otra característica que mengua nuestra democracia es la falta de una cultura del pacto entre la clase política. Si consiguen mayoría absoluta desprecian olímpicamente a la oposición. Y, si no la consiguen, los llamados partidos bisagra se convierten en auténticos tiranuelos, imponiendo tanto o más que su ideología, el control de resortes de poder y de presupuesto. Los partidos poderosos, beneficiarios y garantizadores del bipartidismo, ningunean a los minoritarios como si detrás de ellos no estuvieran unos votantes, también depositarios en parte de eso que se llama pomposamente la soberanía nacional.

Luego está el desinterés de la mayoría de los ciudadanos por la cosa pública. Un viejo refrán venía a decir algo así como “cosa del común, cosa de ningún”. Sólo cuando alguna decisión colectiva nos afecta particularmente, sobre todo si es al bolsillo, nos aprestamos a movilizarnos y a elevar nuestras peticiones o quejas a los gobernantes. Creemos que la política es competencia exclusiva de los políticos. Mal puede funcionar una democracia con estos mimbres. Salvador sólo hubo uno y fue Jesucristo y, aun así, no nos salva a la fuerza, hemos de poner algo de nuestra parte. Y si pensamos que algún líder o partido va a ser la panacea de nuestros males colectivos, estamos aviados. Es, entre todos, cada uno en su puesto, como hemos de afrontar las tareas colectivas.

Tampoco los medios de comunicación que tan eficaz papel ejercieron durante la transición, responden a las exigencias democráticas. Los públicos, fieles servidores del gobernante de turno. Y los privados, sometidos a un creciente proceso de concentración oligopolística, defienden dócilmente los intereses de sus empresas que lógicamente son los del sistema neoliberal. Es una hora triste en que más que de censura hay que hablar de autocensura. La cacareada libertad de opinión se traduce en una sociedad desinformada, narcotizada por programas basura y entregada al “voyerismo” del cotilleo de los famosos.

A la ignorancia, se une el olvido. Una desmemoria colectiva, azuzada desde el poder y protegida por los agentes sociales. Los niveles de resistencia a este olvido son escasos. La memoria alimenta la conciencia. Nos obliga a decir NO en muchas ocasiones, a desconfiar de quienes antes nos engañaron y pretenden seguir haciéndolo. Y nos anima a ser leales a esas convicciones que nos convierten en personas dignas y responsables. Sin memoria, simplemente no somos nosotros y ni siquiera somos. Una persona, un Pueblo necesita la memoria para existir, para vivir de pié. Pero la memoria propia, no la ajena que no pasa de ser una invención mentirosa.

Pero, sobre todo, hay que insistir en que la esencia de la democracia es la defensa y promoción de los derechos humanos. De todos, no sólo de los individuales –libertad, propiedad, seguridad- tal como fueron definidos en las Constituciones decimonónicas, como la americana y la francesa revolucionaria. En este sentido, hemos de proclamar cómo de los tres principios revolucionarios –Libertad. Igualdad y Fraternidad- sólo uno fue atendido, la libertad, pero en un sentido puramente individualista; la igualdad quedó reducida a un marco jurídico, “ante la Ley”, ciega y sorda ante las desigualdades reales; y la fraternidad que debía empastar las dos anteriores fue pura retórica. Por eso, es hora de defender, al lado de los derechos y personales, los colectivos, económico-sociales-culturales, junto a los de novísima generación de respeto a la naturaleza, de conservación del patrimonio genético de nuestra especie y de no-admisión de propiedad intelectual sobre cualquier forma de vida, unicelular, vegetal o animal.

La situación se agrava, cuando en los últimos tiempos asistimos en el mismo occidente al asalto por gobiernos que se llaman democráticos, apoyados por sectores timoratos de opinión, contra las libertades fundamentales. El miedo que suscitan fenómenos como la inmigración creciente o los ataques suicidas terroristas están propiciando esta reacción. Por eso conviene recordar aquellas palabras que escribiera Benjamín Franklin: “Quienes renuncian a su libertad esencial para conservar parte de seguridad temporal, no merecen ni la libertad ni la seguridad”.

 

Pedro Zabala

El Carlismo frente al estado español: rebelión, cultura y lucha política

El Carlismo frente al estado español: rebelión, cultura y lucha política

J. Miralles Climent. BPC, 2005
Les Noticies.
13 de marzu 2005

 


El carlismu ye ún de los fenómenos políticos más peculiares de los sieglos XIX y XX, un movimientu que ye quien a aglutinar los intereses e idees más dispares y que siempre se distinguió pola so insólita capacidá de supervivencia a les circunstancies alverses. Dende les primeres revueltes populares hacia 1830, cola cuestión dinástica como tresfondo, hasta’l socialismu autoxestionariu d’anguaño, cercanu a les reivindicaciones de les naciones ensin estáu, el carlismu foi sufriendo una evolución qu’ilustra a la perfección les tensiones polítiques y sociales de cada momentu históricu n’España.
“El Carlismo frente al estado español: rebelión, cultura y lucha política” fai un repás de la historia del carlismu al través de dalgunos de los sos momentos más significativos y incidiendo nel perfil políticu progresista del movimientu, más coherente de lo que parez nuna primer aproximación. A destacar los capítulos dedicaos a la llucha anti-franquista. 

"El arte es una herramienta para hablar de eso que no se habla"

Costa Gavras

Se declaró un hombre de izquierda, aunque no se identifica con ningún partido. Es uno de los cineastas mas polémicos.

El director greco-francés que dirigió "Z", "Estado de sitio" y "Missing-Desaparecido", invitado a un festival de filmes europeos que tuvo lugar recientemente en un complejo porteño de salas, se reafirmó como "un hombre de izquierda pero sin adhesión a un partido político en particular, y enemigo de todo lo que signifique el ejercicio arbitrario y opresivo del poder".
"La sociedad a la que aspiro es la que respeta la dignidad de los hombres, la libertad y la posibilidad de vivir una vida humana", explicó el realizador, ansioso por completar la ronda de reportajes para subirse a un taxi y, en compañía de un amigo argentino, correrse hasta el puente Pueyrredón a ver de cerca a esos "piqueteros" de los que tanto le hablaron en Europa.
Costa-Gavras aprovechó intensamente su actual viaje a Sudamérica: concurrió a los festivales de cine de Río de Janeiro y Viña del Mar; declaró en Chile ante el juez que interviene en el caso del activista represaliado que narró en su filme "Missing- Desaparecido", y participó en la Argentina de la muestra EFI 2002 de preestrenos españoles, franceses e italianos, que incluye el último título del griego-francés, "Amén".

El hombre

Nacido en Loutra-Iraias hace 69 años, luego ciudadano francés, Costa-Gavras se consagró a fines de los '60 como uno de los mascarones de proa del por entonces muy en boga "cine político", al que aportó éxitos como "Z" (1969), donde atacaba a la dictadura de los coroneles en su patria; "Estado de sitio" (1973), sobre la presencia de la CIA en Latinoamérica, y "Séction speciale" (1975), acerca del colaboracionismo francés durante la Segunda Guerra.
Si tales películas le ganaron el aprecio de la llamada "progresía" en distintas latitudes, otra obra suya, "La confesión" (1970), sobre la represión estalinista en un país centroeuropeo, hizo fruncir el ceño a los feligreses prosoviéticos.
"Esos filmes -según Costa-Gavras- tuvieron su razón de ser en su momento pero hoy la situación cambió en cierto modo: en Grecia y en Latinoamérica ya no mandan los militares y el comunismo se derrumbó en Europa, pero ahora los métodos de dominación son distintos y los países pobres deben buscar formas justas de vinculación con las naciones ricas y con organismos como el FMI".
En las dos últimas décadas, Costa-Gavras filmó y no poco en los Estados Unidos: "Missing-Desaparecido" (1982), la búsqueda de un activista "desaparecido" durante el golpe pinochetista; "Traicionados" (1988), las bandas estadounidenses que heredaron las prácticas del Ku Klux Klan, "Mucho más que un crimen" (1989), la captura de un viejo criminal nazi, y "El cuarto poder" (1997), los excesos del periodismo.
"No me sentí perseguido por mis ideas filmando en Estados Unidos -comentó-. Primero, porque los estadounidenses no funcionan monolíticamente. Segundo, porque tienen la cualidad de aceptar las críticas. Claro, allí como en todas partes hay gente muy conservadora, que se niega a ver la realidad, y alguna vez aparece algún artículo negativo contra mí, pero es normal".
El cineasta greco-francés, juzgando en perspectiva su obra, señaló que con sus películas intenta opinar sobre distintos temas que le llaman la atención: "Más que eso, busco hacer preguntas, pues no creo que el cine deba dar respuestas. Y si esas preguntas son las exactas, mejor".
"El arte, en cierto modo, es político: yo lo entiendo como herramienta para hablar de eso que no se habla, mostrar lo que no se muestra, romper la rutina de la vida cotidiana, elegir otras visiones del mundo", definió.
Para Costa-Gavras, su única actividad política fuera de la realización de cine es el mismo cine, al que se dedicó también como titular de la Cinemateca Francesa y de la Asociación de Cineastas de Francia.
"...Y votar -agregó- porque no milito en partido político alguno. En cuanto me hice ciudadano francés, voté por De Gaulle porque les dio la independencia a los argelinos; después por Mitterrand; la penúltima vez por Jospin, y la última vez por Chirac para que no ganara el fascista de Le Pen".
Es optimista respecto del estado de cosas en el mundo. "Pero con cuidado -se ataja-, porque las circunstancias cambian. Soy pesimista por lo que les pasa a ustedes, los argentinos, o porque Le Pen recibe tantos votos, y optimista por cómo cambiaron algunas cosas en Chile después de Pinochet y por el triunfo de Lula en Brasil.

"Amen"

El cineasta Costantin Costa-Gavras, cuyo filme "Amen" se estrenó en Argentina, considera que "no es sano ver siempre el mismo tipo de cine" y que europeos y latinoamericanos deben acercar más sus respectivas cinematografías. "Es importante saber qué pasa y como piensan en otros países. El cine es espectáculo pero también es conocimiento y gracias a él se puede comprender cómo viven, sienten y aman los otros", señaló anoche durante la presentación del festival EFI 2002 en Buenos Aires.
"Amen" es un filme sobre los vínculos entre el Vaticano y el nazismo, que ha suscitado polémica. Su autor, Costa-Gavras, uno de los máximos exponentes del cine político, señaló que esos vínculos con el III Reich, como otros de la jerarquía católica con dictaduras latinoamericanas, obedecen a que "el Vaticano es un Estado, con todas las necesidades y la lógica de un Estado, más que de una religión". Costa-Gavras manifestó su esperanza en que el público latinoamericano será "sensible" a lo que se narra en "Amen", como lo fue con sus películas "Zeta" y "Missing", en las que se metió en el tema de la subversión y la guerra sucia en Latinoamérica.

EL PERSONALISMO DE MOUNIER


Contrasta con lo lógico y el interés científico de la filosofía analítica un movimiento filosófico originado en los años 30 por el filosofo francés Emmanuel Mounier. Se trata del personalismo. En sentido amplio es personalista toda aquella filosofía que revindique la dignidad del hombre contra las diversas negaciones llevadas a cabo especialmente desde el materialismo. En un sentido más estricto, el personalismo es la doctrina que mantiene que el ser en su principio es personal o se deriva de la persona como manifestación de la comunicación entre personas. Aunque el personalismo presenta múltiples tendencias, en su origen y plenitud presenta una orientación cristiana.
Emmanuel Mounier nació en Grenoble en 1905. Dedicado, en un primer momento a la enseñanza, fundó en 1932 la revista Esprit, de la que será director hasta su muerte. Toda su vida giró en torno a esta revista, siendo él mismo el mayor colaborador. Algunos de sus escritos son colecciones de artículos publicados en la revista Esprit. Además, en 1936 publicó Manifiesto al servicio del personalismo y en 1949 El personalismo. Murió en 1950.


1. Dimensiones de la persona
Mounier afirma que el personalismo surgió como una respuesta a la crisis de 1929. Al comienzo de su Manifiesto declara: “Llamamos personalista a toda doctrina, a toda civilización que afirma el primado de la persona humana sobre las necesidades materiales y sobre los mecanismos colectivos que sostienen su desarrollo”. Este primado de la persona significa que cada individuo humano es un absoluto, y que, por encima de la persona, sólo hay un Dios, también personal.
La persona, reconoce Mounier, no es susceptible de una definición rigurosa, sino que es la presencia misma del hombre. A pesar de ello, en su Manifiesto al servicio del personalismo, la define como “un ser espiritual constituido como tal por una forma de subsistencia y de independencia en su ser”. Esta “definición” no se distancia en lo fundamental de la clásica boeciana: “sustancia individual de naturaleza racional”. La persona, añade, es un “espíritu encarnado”. Esto no debe ser entendido platónicamente, porque el cuerpo es hombre es cuerpo con igual titulo que es espíritu, es todo entero cuerpo y todo entero espíritu.
En un segundo plano, el de la personalidad psicológica, realiza una caracterización fenomenológica de las dimensiones de la persona. Estas dimensiones son:
- La vocación: principio de unificación e integración progresiva de todos los actos de la persona. Es el acto propio de la persona, su principio espiritual.
- La encarnación. No se trata de desembarazarse de la vida sensible ni de las necesidades materiales, sino que la persona, como “espíritu encarnado”, las debe afrontar como parte de su ser.
- La comunión: la persona se encuentra dándose a la comunidad. En su esencia, la persona no es un individuo aislado, sino radicalmente comunitarista. Esta comunión o comunicación se funda en cinco actos originales, que son:
- -Salir de sí: capaz de desprender del amor propio.
- -Comprender: capaz de dar acogida a los intereses de los demás.
- -Asumir sobre sí: capaz de hacerse cargo del propio destino.
- -Dar: capaz de dar sin medida y sin esperanza de retorno.
- -Ser fiel: capacidad de entrega personal al amor y la amistad.
A su vez estos actos originales de comunicación se conjugan con otros de conversión íntima o vida interior, a saber:
- Recogimiento o sobre sí.
- Secreto o en sí.
- Pudor.
Para llevar a cabo las dimensiones de la persona, deben realizarse correlativamente tres ejercicios esenciales de la formación de la persona:
- La meditación: para buscar la vocación.
- El compromiso: como reconocimiento de su encarnación.
- El desprendimiento: para favorecer la comunicación.



2. La estructura de lo comunitario
La dimensión comunitaria de la persona pone de manifiesto que existe una radical distinción entre individuo y persona. El individuo es como la parte superficial de la persona, por tanto, lo más unido a la materia y, como tal, más disperso e impersonal. Los desórdenes egoístas nacen del individuo: la avaricia, la agresividad, la propiedad... La persona, en cambio, indica señorío, generosidad, ya que nace de la parte espiritual y nuclear del hombre.
El concepto de comunidad que está manejando Mounier no se identifica con el de sociedad. La sociedad es algo impersonal, por eso hay muchos tipos y formas de sociedad. La sociedad no tiene rostro, es el ámbito del se (“se dice”, ”se hace”), donde surgen las masas, aglomerados humanos anónimos, despersonalizados. En la sociedad falta comunicación interpersonal y verdadera solidaridad, porque se ha fundado en los individuos y se ha prescindido de los valores espirituales que aporta la persona.
La comunidad, en cambio, surge de la reunión de las personas, cuando el yo es capaz de abrirse y extenderse al nosotros. Para que haya comunidad cada yo ha de descubrir a cada uno de los otros como persona y tratarlos como tales. Considera a los demás como prójimos, a los que ama, ya que el amor es el primer vínculo de la comunidad y realizar la misma función que la vocación en la unidad de la persona. De esta forma, la comunidad personalista es como una persona de personas.
Para lograr esta comunidad personalista, se hace necesaria una revisión de las estructuras fundamentales de la sociedad actual. Esta revisión dará lugar a nuevas estructuras como la educación personalista, es decir, una pedagogía fundada en el espiritualismo; la familia, haciendo hincapié en la personalidad de la mujer; la cultura de la persona,, ya que las colectividades no crean cultura, sino la comunidad de personas; la economía de la persona en contra de la economía capitalista que se organiza al margen e incluso contra las personas.
Mounier hace una crítica de los sistemas opuestos al personalismo. Para él, cono titula un apartado de su Manifiesto, el mundo moderno está contra la persona. Las doctrinas que van contra la persona son:
- El individualismo liberal y capitalista, que ha desencadenado fuerzas económicas impersonales y la tiranía del industrialismo. Esta civilización burguesa e individualista implica la corrupción de los valores espirituales, sustituyéndolos por aspiraciones materiales.
- Los fascismos y totalitarismos, que son los máximos enemigos del personalismo, pues suponen el dominio de lo irracional y el desprecio total de las personas, convirtiéndolas en masa fácil de oprimir y destruir sus libertades.
- El comunismo marxista, que al negar las realidades espirituales, no tienen cabida la persona y sus valores personales, como la libertad y el amor.


3. Otros personalismos
Ya hemos dicho, que existen muchos tipos de personalismos. Por eso, resulta imposible hacer una breve referencia a todos. Simplemente los nombraremos como pertenecientes a un personalismo en el más extenso sentido de la palabra: J. Lacroix, M. Nédoncelle, P. Ricoeur, E. Levinas, N. Berdiaev, J. Maritain, G. Marcel, R. Le Senne, M. Buber.