PARTÍU CARLISTA D\'ASTURIES. Ye la rempuesta. 35

¡NON A LA DESMANTELACIÓN DEL MUNDU RURAL ASTURIANU!

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REVOLUCION CAMPESINA Y RESTABLECIMIENTO DE LA COMUNIDAD ASTURIANA

Carlos X. Blanco.

¿La comunidad originaria exhibía una base igualitaria? Este es un mito, si es cierto queremos luchar por la recuperación de comunidades míticas. Pero el marxista lucha siempre por las comunidades realmente existentes, aunque ellas tengan que aprender a ser lo que ellas son. Se defiende que la comunidad campesina asturiana es una red de caserías dispersas, unidas por nodos semiurbanos y urbes pequeñas (villas, polas), y que, pese a todos los ataques recibidos desde el advenimiento del capitalismo industrial y, a última hora, el capitalismo terciario, constituye –junto con la lengua nacional, el asturiano- la seña irrenunciable de nuestra identidad como pueblo. Un campo urbanizado y una urbe ruralizada en Asturies son posibles técnicamente. Podríamos recobrar no ya una Arcadia feliz, sino una comunidad real en la historia y en el presente, la comunidad “asturiana” (a secas, rural y urbana a la vez, centrada en la casería) pero en grave peligro de desaparecer por culpa de los mentecatos políticos asturianos y los teóricos de la imbecilidad más absoluta, la “Ciudad Astur”. Podemos hacerlo en este momento histórico, antes de que triunfe el más reciente proyecto de etnocidio, globalización salvaje y urbanización despersonalizadora. Se reproducen aquí, modificadas, unas reflexiones ya publicadas en la revista Nómadas, nº 8 (“Producción capitalista y cosificación de la especie. Un ensayo”. http://www.ucm.es/info/eurotheo/nomadas)

Las sociedades prehistóricas parecen haberse ido diferenciando socialmente en su interior desde tiempos remotísimos. La división tripartita del panteón indoeuropeo, al estilo de Dúmezil, revela la existencia de diferenciaciones endógenas que la conquista y domesticación de grupos foráneos no hace más que agudizar, esto es, verticalizar.

 Los procesos de urbanización, lo que suele entenderse como alba de la civilización, suponen una neta jerarquía social (no ya sólo una dualidad o tripartición social prehistórica de partida). Las ciudades egipcias y mesopotámicas eran centros burocráticos y redistributivos, de control. En rigor, su existencia al margen de la presencia de focos mercantiles y talleres artesanales, era debida al control político económico de los recursos de la economía campesina. En aquellos viejos imperios, las comunidades ya no existieron sin ser violentamente humilladas. La losa de la burocracia (real, sacerdotal) las aplastaba hasta niveles rayanos en la esclavitud. La polis griega, las ciudades etruscas, la misma Roma, suponen organismos políticos que en su inicio iban trasladando el poder principesco (régulos, linajes aristocráticos guerreros) hacia organismo políticos más complejos, pero siempre sin el elevado grado de despotismo burocrático alcanzado por la urbe, imperialismo de capital egipcia y oriental sobre las comunidades originarias y circundantes. Habría de ser la evolución imperialista del helenismo, primero, y de Roma, después, la que tendría que desplegar todas las virtudes orientalizantes sobre buena parte de Europa, y la Cuenca Mediterránea. El despotismo urbano fue despotismo imperial en coalición con el latifundismo que desde Roma no abandonaría ciertos países hasta el día de hoy.

 El latifundismo de tradición romana es una forma social agraria muy distinta del despotismo oriental. El dominio privado sobre la tierra hace de éste un estado dentro el estado, dominio que conoce en la antigua Europa del sur, romana, mucho mayor desarrollo que en oriente. Con el declive del poder central en la agonía del Imperio, y después en la edad media, la capital urbana fue reduciéndose al nivel de aldea y las potestades administrativas, judiciales, militares, etc. del señor crecieron. Téngase en cuenta, que parece ser que ya hubo protofeudalismo en pleno Imperio.

 La comunidad campesina tiende a disgregarse en los dominios territoriales, ya señoriales, ya eclesiales, en el albor de la edad media. Su papel subalterno gira exclusivamente en torno al servicio de la casa o como un instrumento explotado de forma capitalista antigua en las labores agropecuarias. Su tendencia es a constituirse en apéndices de las grandes casas. La comunidad popular desaparece en buena parte en la sombra. Extinguirán su conciencia de comunidad, y de su pasado como entidad solidaria.

 Nuestra tesis estriba en lo siguiente: en la España más romana y árabe pervivió un rastro menor de la comunidad cuasinatural, y en ella sólo hay territorio, pero de él no se hizo "casa". No hay ‘oikos’, no hay ecología en el sentido etnográfico de la palabra. Nos gustaría saber si hay una conexión rigurosa entre el viejo ruralismo y el ecologismo actual, de manera que fuera dable examinar a fondo si de su cáscara aparentemente reaccionaria y su metafísica fundamentalmente holística pudiera esconderse una sabrosa semilla de revolución.

 Evidentemente la respuesta debe comenzar con un "depende" desolador en grado sumo. Pero las cláusulas que siguen a este relativismo pueden resultar pistas nada desdeñables en orden a nuestra investigación. "Depende" en buena medida de la historia social de la región europea sometida a estudio concreto. De esa historia local puede verificarse una nostalgia popular, o no, por modos de producción ya caducos. Es evidente que la economía agraria, por sí sola, no resulta en sí un modo de producción. Hoy tan sólo constituye, junto a los usos forestales, la obtención de recursos energéticos, turismo y otros bienes y servicios que conforman un sector de la economía nacional, de orden mixto. También está claro que no en todas las regiones el mundo natural se ha reducido en su historia a ser un mero círculo abastecedor de su centro, la urbe. En ocasiones, las cordilleras, bosques, mares y ríos, o extensiones peligrosas de tierra por mil motivos, han escapado a una penetración del modo de producción capitalista, al menos relativamente. En esas extensiones territoriales aún hay restos de comunidades campesinas, cuyos modos de subsistencia sí están en proceso de agonía, a la espera de que la mortalidad o la enésima emigración hacia la ciudad absorba los últimos restos humanos.

 Los sectores aún no absorbidos directamente por la agricultura capitalista quedan al albur de poderes estatales que gozan de gran potencia decisoria en ausencia de maniobras patronales. La falta de acumulación previa de capitales en esas exiguas comunidades, unido al férreo control que la Unión Europea impone a los pequeños productores, no hace sino agravar los largos siglos de relación asimétrica entre campo y ciudad. Tal y como acaece con otros sectores nacionalizados, por no ser rentable al capital privado, al ser inmediatamente susceptibles de valorización, el estado hace la labor sucia preparatoria. Inversiones infraestructurales previas, accesos y servicios altamente destructivos, desbrozadores, tomando así la iniciativa en la que no cuentan los nativos, sino sólo la clase patronal dispuesta a invertir en equipamientos hosteleros, servicios de legitimación y comunicación. Acto seguido, los capitales privados ya pueden tomar sus posiciones estratégicas pues el camino está despejado y el paisaje territorial falto de atractivo inversor por fin ha sido abierto a la aplicación de las inversiones. Las primeras misiones colonizadoras son, por fin, una realidad después de esta intensa destrucción preparatoria.

 Sólo en este empeño por capitalizar, por valorizar recursos naturales que antes escapaban al mercado, se puede entender el auge de un ecoturismo y un folklorismo que, si no fuera por su endeblez ideológica, podría virtualmente adocenar a masas enteras de población que, una vez más se ha visto desposeída, puesto que sus abuelos o padres fueron ya los desposeídos de sus recursos comunales y de sus continuidades vitales con la naturaleza y su pueblo o aldea, la gente más joven participa ya de la nueva economía verde, como afluencia que son de consumidores de la hostelería y del consumo de fruslerías, como autoempleados o como pequeños inversores. ¿Qué quedó de aquel ecologismo radical, importado de allende los Pirineos? ¿Hemos sufrido alguna especie de "revolución cultural?" ¿Hay muchos ingenieros diseñando motores de madera? ¿Nos hemos convencido definitivamente de que lo pequeño es hermoso?

 Evidentemente, se debe reactivar el ecologismo, pero adaptándolo a las comunidades humanas y paisajísticas que aún viven y luchan por no desaparecer: las comunidades campesinas. No un ecologismo “misionero” y cientifista, artificial, que pretenda llegar al campo desde la mentalidad abstracta de la ciudad. Se trata de socializar el campo, revitalizar la aldea y frenar su despoblación, ofreciendo una discriminación positiva en favor de los dueños de quintanas, protección y apoyo fiscal, donaciones tecnológicas, mejora de servicios, etc.. Hacer esto con los campesinos asturianos como agentes que son de la supervivencia de los paisajes y de la recolonización del modo de ser auténtico en un país. En Asturies la casería es esa unidad de cultura, producción, y habitación del territorio que está corriendo peligro. Muriendo la Casería, muere una nación.
 
 

18/03/2007 22:38 Autor: P.C.-Asturies. #. Tema: ++Barganaz Astur.


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